Revista Laberinto

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
Home Clásicos de actualidad
Clásicos de actualidad

¿En nombre de la razón? Marxismo, racionalismo, irracionalismo

Publicado en diciembre de 1976 en «La Nouvelle Critique», nº 99,  este texto de Etienne Balibar ha sido extraído del volumen Filosofía y lucha de clases. A pesar de que pertenece a la coyuntura posterior a la crisis del petróleo, sitúa ya en la presentación conceptos económicos como «austeridad» y «crecimiento cero», posiciones políticas como la crítica a las instituciones y a los «poderes» y un sustrato ideológico que cuestiona el valor de la ciencia en beneficio de temas religiosos, místico-espirituales, nihilistas, etc.,  irracionalistas en general. Esta es una pequeña, pero clara, muestra de que en la crisis actual y en sus respuestas no existen elementos novedosos remarcables, sino continuidad en las crisis históricas del capitalismo. Destacamos varios fragmentos:

[...] En esta nueva coyuntura, bien diferente de la de los años 1950-1960, en que las tasas de beneficio sostuvieron en Francia un proceso continuo de ampliación de la acumulación de capital, la gran burguesía se ve cogida en una terrible contradicción. De un lado, necesita conservar —porque el mantenimiento de su poder político depende de ella— su alianza (hegemónica, desigual) con las capas sociales «intermedias», incluidos los intelectuales asalariados, y también con una fracción de la clase obrera. De otro, le es absolutamente imprescindible suprimir todo lo que desde el punto de vista del  capital representa, bien gigantescos «despilfarros», bien «privilegios» de esas mismas capas; es decir, que hoy resulta indispensable, como empieza ya a verse, acelerar su proletarización, empezando por atacar a su seguridad (seguridad social, seguridad en el empleo) y a su cualificación (de la que es parte integrante el nivel cultural general). Esta contradicción es, a la larga, explosiva. [...]

Se estaría produciendo, de forma más o menos deliberada, un desarrollo del irracionalismo, o más bien un deslizamiento tendencial de la ideología (burguesa) dominante hacia el irracionalismo. Esquemáticamente, se podría hacer por tanto el siguiente razonamiento: mientras que en todo el período histórico de su ascensión económica y de su dominación política, la burguesía desarrolló ante todo una ideología y unas filosofías racionalistas que exaltaban el progreso del conocimiento, el progreso por el conocimiento, esta tendencia se invertiría en el período histórico de su crisis y decadencia. La burguesía se convertiría, quiéralo o no, en una clase presa del irracionalismo. Por el contrario, la clase obrera, que representa el porvenir de la sociedad humana, se presentaría en lo sucesivo como portadora del racionalismo filosófico que ella defiende y hace progresar, y al que abre un nuevo campo de acción. Se inscribiría así, hoy, en una tradición cuyo carácter correcto demostraron las luchas del pasado (¡especialmente en la época del fascismo, contra el cual Politzer, Maurice Thorez —entre nosotros— levantaron la bandera de Descartes!). [...]

Aparentemente en el extremo opuesto de este irracionalismo de las masas, hay un irracionalismo refinado y relativamente esotérico, propio de los filósofos profesionales (incluidos los teóricos de las diferentes «ciencias humanas» y de las humanidades literarias). Las masas son más o menos sensibles al irracionalismo, que en ellas cumple la función de cubrir las lagunas de su sentido común. [...] Un síntoma muy importante a tener en cuenta es el hecho de que, mientras el irracionalismo de las masas es, la mayoría de las veces, abiertamente conservador, reaccionario en política, el irracionalismo de los filósofos, en las condiciones propias de la Francia actual, las del «antes» y el «después de Mayo del 68», de momento es anarquizante: más que la negación pura y simple de la lucha de las clases explotadas, lo que está a la orden del día es su superación, su anegamiento en los conflictos imaginarios entre el Poder y el Sexo.

Pero esto no es todo. En esta filosofía profesional, y pese a las interferencias que pueden producirse, creemos necesario distinguir cuidadosamente lo que hay que llamar irracionalismo de los científicos. Tocamos aquí, efectivamente, un fenómeno nuevo que debe retener toda nuestra atención, pues se refiere a las formas específicamente actuales de la filosofía «espontánea» de los científicos: es decir, las formas, en la práctica, del dominio de la ideología dominante sobre los trabajadores científicos en una época en la que éstos, como grupo, son cada vez más sensibles a las contradicciones sociales. Lo nuevo y específico no son tanto los temas de este irracionalismo, que hace que algunos científicos declaren ellos mismos que «no creen en la ciencia» ni como institución (la ciencia sería un simple instrumento de poder, un instrumento del poder...) ni como conocimiento (la ciencia sería una «ideología» es decir, la ideología por excelencia...). Estos temas son realmente, como decía Lenin en otros tiempos, «antiguallas filosóficas». No, lo nuevo es, de una parte, el hecho de que estos temas se presenten la mayoría de las veces con la terminología del marxismo, que ellos manipulan y a cuyas tesis dan la vuelta, y de otra parte, el hecho de que penetren ampliamente, a través de múltiples variantes, el medio científico, y a veces se materialicen en prácticas, verdaderos «actos ideológicos» a menudo abortados pero siempre renacientes, en busca de condiciones favorables [...]

¿Debe decirse, por tanto, que la lucha filosófica del marxismo es, en la misma medida, una «lucha contra el irracionalismo» y una «lucha contra el racionalismo», como si se tratara de un par simétrico, igual? Es evidente que no. Eso sería precisamente ignorar la contradicción interna de la historia de la filosofía (¡y no haber aprendido nada de la manera en que especialmente Lenin trata y utiliza a Diderot, Feuerbach, Hegel, e incluso a Duhem y Abel Rey!). El materialismo marxista, precisamente porque no es un racionalismo y porque éste es, en cierto sentido, como hemos visto, su adversario principal en el par racionalismo/irracionalismo, puede y debe sacar del estudio atento del racionalismo elementos muy valiosos para su lucha ideológica. [...]

icon Para leer el texto completo

 

La transformación de la filosofía

Conferencia pronunciada por Louis Althusser en la Universidad de Granada -Facultad de Filosofía y Letras-, el 26 de marzo de 1976. Se señala la paradoja que articula la exposición:
 
[...] La filosofía marxista presenta efectivamente una paradoja en sí misma que, en principio, nos deja estupefactos y cuya elucidación resulta muy compleja. Se puede enunciar esa paradoja diciendo simplemente: la filosofía marxista existe y, sin embargo, nunca ha sido producida como tal «filosofía».
 
 

K. Marx y F. Engels

Este texto ha sido extraído de Historia de la filosofía. Ideas, doctrinas dirigida por François Châtelet. Escrito por Nicos Poulantzas es el undécimo capítulo de la Quinta Parte, La filosofía y la historia (1780-1880), incluida en el Tomo III. Se presentan unas líneas:

[...] Se ve bien que todo análisis concreto de una situación debe tomar a la vez en consideración las relaciones de lucha de clase y las relaciones reales de poder dentro de los aparatos estatales, relaciones reales que, en general, están ocultas bajo las apariencias constitucionales formales. Además, el análisis preciso de las relaciones de poder, dentro de los aparatos, puede ayudarnos a localizar, de un modo exacto, la fracción hegemónica. Por ejemplo, comprobando el predominio de un aparato o de una rama sobre los demás, y comprobando igualmente los intereses específicos a los que sirve de modo predominante, se pueden sacar conclusiones acerca de la fracción hegemónica. Mas siempre se trata aquí de un método dialéctico. En efecto, por otro lado, localizando, en el conjunto de las relaciones de una sociedad, la fracción hegemónica y sus relaciones privilegiadas con un aparato o con una rama, se puede responder a la pregunta: ¿cuál es el aparato que domina en el Estado?, es decir, el aparato a través del cual la fracción hegemónica maneja las palancas de mando reales del Estado.

icon Para leer el texto completo

 

 

Trabajo productivo y trabajo no productivo

Este texto corresponde al segundo capítulo de la III parte, “La pequeña burguesía tradicional y la nueva pequeña burguesía”, del libro de Nicos Poulantzas Las clases sociales en el capitalismo actual, Siglo XXI Editores, Madrid, 1977. Destaca el siguiente fragmento:
 
[...] En efecto, el criterio de la propiedad de los medios de producción no reviste sentido sino en la medida en que corresponde a una relación de explotación determinada: relación de explotación, esta misma, que se sitúa en las relaciones de los productores directos -de la clase explotada propia de cada modo de producción- con los medios y el objeto del trabajo y, por este rodeo, con sus propietarios. Ahora bien, como lo dice Marx, en cuanto al capitalismo, si bien todo agente perteneciente a la clase obrera es un asalariado, no todo asalariado pertenece forzosamente a la clase obrera. La clase obrera está delimitada no por un simple criterio negativo “en sí” -su exclusión de las relaciones de propiedad-, sino por el trabajo productivo: “Todo trabajador productivo es un asalariado, pero no todo asalariado es un trabajador productivo.”
 
 

¡Vuestra lucha es la nuestra!

Muy interesante panfleto del Movimiento 22 de marzo, protagonista de Mayo del 68', en el que se plantean dos cuestiones fundamentales: reforma o revolución y las relaciones políticas entre la clase obrera y la pequeña-burguesía:
 
[...] Estas luchas son más radicales que nuestras legítimas reivindicaciones porque no buscan sólo una mejora en las condiciones de los trabajadores dentro del sistema capitalista, implican la destrucción de ese sistema. Son políticas en el verdadero sentido de la palabra: ustedes no luchan para que sea cambiado el Primer Ministro, sino para que el patrón no tenga ya más poder ni en la fábrica ni en la sociedad. La forma de lucha de ustedes, nos ofrece a nosotros, estudiantes, el ejemplo de la actividad realmente socialista: la apropiación de los medios de producción y la facultad de decisión para los obreros.
 

El problema del estado capitalista

Artículo publicado en “New Left Review” en diciembre de 1969, con el título original Capitalism and the State. Se destaca el siguiente fragmento:

[...] coincide con la tesis comunista ortodoxa del capitalismo monopolista de Estado, según la cual la actual forma del Estado se caracteriza por unas relaciones interpersonales cada vez más estrechas entre los monopolios y los miembros del aparato de Estado, por la “fusión del Estado y los monopolios en un solo mecanismo”. En otro lugar he demostrado que esta tesis, aparentemente ultraizquierdista conduce, de hecho, al más insípido revisionismo y reformismo. De hecho, la actual modificación de la forma del Estado debe buscarse y estudiarse no en sus efectos simples -por lo demás, discutibles- sino en los desplazamientos profundos de la articulación de lo económico y lo político. No creo que esta modificación altere la relativa autonomía del Estado; [...] En pocas palabras: designar cualquier Estado existente como el puro y simple agente del gran capital me parece que, tomado literalmente, da lugar a muchas interpretaciones erróneas, tanto hoy como en el pasado.

icon Para leer el texto completo

 


Página 1 de 4