Revista Laberinto

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente
Home Lecciones de la vida
Las lecciones de la vida
En esta sección Antonio Doctor nos irá relatando sus vivencias, experiencias y las lecciones que la vida le ha ido dando.

18.- 1987, año para recordar

Entramos en 1987, el año más conflictivo de toda la historia de la planta de General Motors (GM) en Zaragoza. En la larga lucha salieron a la luz las carencias, tanto de los directivos de la empresa como de los sindicalistas y los propios obreros, aunque las de estos son más justificables, por tratarse de un colectivo extremamente heterogéneo.
Una vez sentadas las aguas, los directivos demostraron haber aprendido la lección y tomaron sus medidas para intentar impedir que se repitiese una situación como la vivida. Más adelante detallaré cuales fueron esas medidas. Los sindicalistas (de todos los sindicatos activos en la fábrica), a piñón fijo, apaleados por ambos lados, la única conclusión que sacaron de aquel proceso tan rico en experiencias, fue la de que no se le puede dar protagonismo a los trabajadores y a partir del siguiente Convenio, en 1990, hicieron un pacto para no hacer asambleas generales, no someter a consideración de los trabajadores su plataforma de Convenio ni informarles de lo sucedido en las rondas de negociaciones.
 

17.- Panorama después de una batalla perdida

Como ya dije en el capítulo anterior, entré a ser Delegado Sindical en agosto de 1985. Ya relaté cuales fueron mis primeras sorpresas en lo referente al tipo de relaciones que tenían los miembros del Comité con la Dirección de Relaciones Laborales. Otro aspecto que descubrí al tomar contacto más intenso y frecuente con los miembros del Comité fue la actitud de los delegados de CC OO ante los de los otros sindicatos. Algo que se puede calificar como prepotencia, que se reflejaba, entre otros, por la redacción y divulgación de las hojas informativas del Comité de Empresa sin mediar la deferencia de entregar el texto a la consideración de los otros sindicatos, antes de hacer copias y divulgarlo. Yo critiqué esa actitud, que, aparte de la ausencia de ética, sentaba un precedente para cuando nos quedásemos sin la mayoría en el Comité. Pero todos, «derecha» e «izquierda», estaban de acuerdo en hacerlo así y no se molestaron ni siquiera en darme alguna satisfacción.

 

 

16.- Metido en harina

El año 1985 marca mi participación plena en la Sección Sindical de CC. OO., al ser elegido en agosto Delegado Sindical, en mi ausencia, por estar entonces de vacaciones en Alemania. Me sorprendió gratamente que me introdujeran entre los candidatos porque no me lo esperaba. Me había propuesto el sector carrillista, a pesar de mis críticas al mismo durante la pelea por el Convenio. Pero había sido una crítica limpia y fue quizás mi empeño en colaborar, pero manteniéndome siempre al margen de lo que ellos entendían desde sus reductos partidarios como enfrentamientos ideológicos. Claramente yo me situaba a la izquierda de los carrillistas, pero nunca me volqué con la «izquierda» y mis críticas eran siempre eso que se dice «constructivas», esto es, basadas en los hechos acaecidos y proponiendo soluciones o cambios de rumbo que podían ser aceptados por el conjunto de los delegados de CC. OO.
Quizás convenga relatar las conclusiones a que había llegado cuando los conocí más de cerca. Los carrillistas tenían la mayoría y contaban con el apoyo del aparato sindical de Zaragoza. Pero en un núcleo tan pequeño como la Sección Sindical, es el carácter, la personalidad de los componentes, quien marca el rumbo, más que propiamente los partidos en liza. Así, el Secretario General de la SS, Ángel Millán, que también era el Presidente del Comité desde que CC. OO. consiguió la mayoría absoluta, era un hombre con poco carisma y fácilmente influenciable. El segundo de a bordo, Ramón Górriz, ya lo he descrito suficientemente en el capítulo 12 de este culebrón. Ambos procedían de la lucha clandestina y Millán era (es) ingeniero y trabaja en el Departamento de Proyectos, mientras que Górriz es maestro de escuela, y trabajaba en algún Departamento de las Oficinas. Es decir, no son obreros, lo que en algún modo influye en su trato con ellos. Ni que decir tiene que enfrentados ambos caracteres, es Górriz quien se lleva casi siempre el gato al agua, y digo casi, porque en determinadas circunstancias, Górriz se quedaba en la sombra, dejando a Millán tomar la iniciativa.
 

15.- Lamiendo las heridas

Vuelta la paz a la fábrica, a mediados de abril de 1984, los dirigentes de la Sección Sindical de CC.OO. programaron hasta tres asambleas de afiliados para analizar lo sucedido en plan, según decían, autocrítico. Aparecieron dos documentos, uno de la “derecha” (PCE y carrillistas, esta vez con el apoyo de la LCR) y otro del MC, titulado “Enmienda a la totalidad”. Muy poco se diferenciaban (las criticas mutuas las reservaban para cuando no había muchos testigos) y de una presunta intención autocrítica en los primeros párrafos se pasaba a continuación a introducir factores (las maniobras de UGT y la USO, la actitud de la empresa, la carencia de suficiente información por parte de CCOO, las vacilaciones de los trabajadores...) que terminaban por dejar a CCOO poco menos que limpia de polvo y paja.

Conservo los documentos y como son muy extensos solo voy a tomar algunos de los párrafos más significativos:

 Dice el documento de la “derecha” en sus primeros párrafos:

El objetivo principal de la multinacional en este convenio era romper y desgastar de la forma que fuera la brillante trayectoria que Comisiones llevaba en la fábrica desde que comenzó la actividad sindical. No podían permitir de ninguna manera que CCOO saliera victorioso de este combate. El anticomunismo de la multinacional y la mayoría resultante en las elecciones pasadas, habían roto varias veces el modelo de relaciones laborales que ellos en compañía de los burócratas de los sindicatos alemanes y americanos pensaban tener aquí, por eso era ahora, en este convenio el momento del acoso y derribo de nuestro sindicato.” Bonita manera de iniciar una autocrítica.
 

14.- El contexto de la lucha y sus consecuencias

Se impone una reflexión antes de entrar a contar lo sucedido en 1984. A partir de este año comencé a relatar los sucesos más destacados y enviarlo a los compañeros alemanes y a mi compañero de fatigas de Brasil, que como ya dije, vivía a hora en Barcelona.

Naturalmente, para seguir esta serie, tengo que condensar todo ese material disperso y trazar una línea argumental, que, tras el tiempo pasado y el correspondiente cambio de la perspectiva, no puede ser otra, si se quiere hacer algo didáctico, que la de describir la evolución de las relaciones entre los trabajadores y sus representantes y las vicisitudes que atravesaron las relaciones entre los sindicatos mismos y más particularmente, entre las distintas facciones políticas que militaban en la Sección Sindical de CC. OO.

icon para leer más

 


Página 1 de 4