Revista Laberinto

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Home Números publicados laberinto 5 ¿Es posible un análisis de la realidad social? Reflexión sobre algunos elementos previos a ese análisis.

¿Es posible un análisis de la realidad social? Reflexión sobre algunos elementos previos a ese análisis.

Ante cualquier proyecto, o problema, que pretendamos Ante cualquier proyecto, o problema, que pretendamos emprender, o solucionar, parece razonable que, con anterioridad a su realización, hagamos un balance de los elementos presentes en dicho proyecto, o problema, más las condiciones que inciden en ellos y las metas, o soluciones pretendidas. En resumen, resulta de todo punto lógico y necesario establecer, con anterioridad a cualquier actuación, un análisis de la situación de partida, que debe incluir, obviamente, los elementos a nuestra disposición (de toda índole), y una estimación de las posibilidades reales de actuación, despejando alternativas ilusorias e irrealizables, etc. Pues, sin duda, estas medidas previas no sólo aumentarán considerablemente las posibilidades de éxito de nuestra pretensión, sino que, y esto también es importante, nos ayudarán a evaluar con mayor objetividad ese proyecto, o problema, que estamos tratando, así como por qué y para qué queremos emprenderlo, o solucionarlo, y, sobre todo, qué es (en profundidad) ese proyecto, o problema.

Todo ello, si lo realizamos con honradez intelectual hacia nosotros mismos, nos abrirá nuevas perspectivas insospechadas sobre el asunto en cuestión. Pero, además, esta nueva visión de los problemas brinda soluciones mucho más eficaces de las que, ante del análisis, pudiéramos concebir, sin despreciar tampoco la posibilidad de descubrir que el tal proyecto, o problema, no eran tales, sino falsos proyectos, falsos problemas, que escondían bajo sí unos intereses ajenos a nosotros mismos.

 Es en estos aspectos concretos donde podemos estar olvidando que “la dialéctica es la mejor herramienta y el arma más buida para alcanzar los propósitos revolucionarios” (Engels), y ésta consiste fundamentalmente, en este orden social, en comprender el fenómeno de los cambios históricos, y aplicar a la Historia, pero también al propio método dialéctico, que aquello que, en un momento t1 puede ser concebido como una contradicción, en otro momento t2 posterior, al ser absorbida, integrada esa contradicción, por una compresión de la realidad más amplia, de un orden diferente, más elevada, los elementos de la contradicción pueden dejar de estar en negación recíproca, para formar parte –ya compatibles– de esa nueva interpretación de la realidad, donde las razones que construían la contradicción se explicitan, ahora, en un marco lógico nuevo donde ésa contradicción carece ya de sentido. En todo caso, surgirán otras nuevas luchas dialécticas que solicitarán de nosotros otros esfuerzos, otros razonamientos, y así, indefinidamente. 

Esta especie de “autoanálisis” debiera formar parte del sentido común general. De hecho, en mi opinión, no es más que una formulación del mismo. No creo, por tanto, haber descubierto nada con ello. Sin embargo, pienso que no es tan “común” como fuera deseable. Si así fuese, el hombre no cometería tantos errores, lo que es penoso por los costes individuales que hemos de sufrir, pero lo es más aún en las organizaciones, sobre todo las de izquierda, que son las que aquí van a importarnos, y donde, a veces, trabajamos con “orejeras ideológicas” y llevamos repitiendo los mismos esquemas intelectuales de trabajo desde hace dos siglos, sin querer percatarnos que los fracasos no sólo se deben a la terrible fortaleza del enemigo, ni a los “traidores” que se pasan al bando contrario (o a la socialdemocracia, que es lo mismo pero de otra manera), sino también a lo inadecuado de la forma de llevar a cabo nuestros métodos de trabajo, o a la repetición acrítica de viejos esquemas de análisis que ya no se atienen a la realidad social.