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Editorial: Invasión de pateras

Este nuevo número de Laberinto aparece después de la polémica generada durante el pasado mes de Agosto en torno al problema de las pateras que cruzan el estrecho.

La “invasión de pateras” ha sido la consigna del mes de agosto en los medios de comunicación españoles. Día tras día, los titulares de prensa daban cuenta de la creciente cantidad de pateras apresadas en las costas españolas, y hacían sonar las alarmas de la “avalancha”, al tiempo que subía de tono la tensión diplomática del gobierno español con su homólogo de Marruecos. La Reunión de Alto Nivel que, según el Tratado de Amistad, Cooperación y Buena Vecindad de 1991, había de celebrarse anualmente, se retrasaba de manera indefinida, mientras la nueva Ley de Extranjería -implantada desde el pasado diciembre de 2000- no mostraba tener la eficacia que se proponía de cara a la inmigración clandestina o irregular.

Por supuesto que todos los medios han hecho gala de su humanitarismo y dolor ante el “incómodo” y tantas veces mortal “viaje de pobres desesperados” que llega en las pateras. Esas modestas y frágiles embarcaciones con las que la inmigración indocumentada o “sin papeles” que mana de Marruecos viene cruzando desde hace años el Estrecho de Gibraltar. Con ellas,  esta migración desdichada trata de salvar la corta distancia que le separa de España y el “sueño europeo”, arriesgando la vida en el intento. De hecho, puede que tres, de cada diez, consigan burlar la vigilancia y entrar en España. En lo que va de año, se estima que perecieron ahogados unos ciento treinta inmigrantes, y las cifras de interceptados arrojarían unos trece mil, de los que más de dos mil lo han sido en la segunda quincena de agosto. A tenor de los cálculos oficiales, estas cifras han duplicado las del año 2000 y cuadruplican las de 1999. Munición más que suficiente para los titulares de prensa y los comentarios políticos e ideológicos que han girado en torno a la “avalancha”, “invasión” y “oleada gigante de inmigrantes”.

En ese sentido la prensa española, obligada a pasar revista a las relaciones bilaterales de España con Marruecos, ha transitado por la conocida senda del fenómeno migratorio descubriendo que este tiene dos polos: el país emisor y el país receptor. Como era de suponer se ha puesto el acento en el Marruecos emisor, pero si analistas hay para “descubrir el Mediterráneo” afirmando que el “problema” es de Marruecos, y que éste es el que tiene que resolverlo, también ha quedado en el escenario el ataque a la nefasta monarquía teocrática alauita de Mohamed VI. Una maquinaria estatal tan indeseable y corrupta que algún comentarista no ha dudado en calificar de “narcodictadura”. En suma, que buena parte de la prensa española, sin invitar explícitamente a derribar la testa coronada, ha dado muchos motivos para hacerlo.

Pero veamos los argumentos y la controversia en la que al parecer nadie quiere resultar “simplista”.

 

¿Dónde está la complejidad de la cuestión?

·                     La tensión diplomática afloró de lleno el 21 de agosto, cuando el ministro español de Asuntos Exteriores convoca al embajador de Marruecos en España, en base al “insostenible e inaceptable flujo de inmigrantes ilegales”. Para el gobierno español, el responsable de que las pateras no dejen de cruzar el Estrecho se debe a que el gobierno marroquí no pone el interés debido en impedirlo. Ni acepta la “estrecha colaboración” que le brinda España, con la que paliar “la falta de medios” -en el control de las mafias de la inmigración ilegal- que aduce el gobierno marroquí.  La editorial “Ante la avalancha” del diario El País de 22-8-01, tras constatar que la nueva Ley de Extranjería “no ha quebrado  el ritmo de la inmigración ilegal que aumenta año tras año”, apostillaba: “Las autoridades del país vecino hacen la vista gorda, seguramente porque ven en la emigración una válvula de escape de las tensiones sociales que se van acumulando en esa sociedad. Además casi la mitad de esta inmigración es subsahariana y utiliza Marruecos como vía de paso hacia España y hacia Europa. Rabat no tiene el menor interés en que se queden en su tierra”.

·                     Por su parte, el gobierno marroquí insiste en que controla su frontera con unos 10.000  uniformados del Ejército, la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares que tienen la misión de vigilar los 1.835  kilómetros de costa de ese país. Sin embargo, ese despliegue de fuerza armada no parece ser suficiente para impedir la salida de los “sin papeles”, cuando la maquinaria represiva de la monarquía alauita resulta ser tan eficiente para sofocar sin contemplaciones a la oposición política interior y reprimir duramente el propio movimiento de parados. Por mucho que las autoridades marroquíes juren que interceptaron en el último año y medio a unos 35.000 inmigrantes ilegales, de ellos 20.000 marroquíes y 15.000 subsaharianos y asiáticos, la réplica española estriba en que esas cifras no son nada fiables, y que hay  una “apatía en el control de la frontera” por parte de Marruecos.

·                     Es más, para las autoridades españolas abundan los testimonios que acreditan las conexiones de las mafias con la policía y las fuerzas armadas marroquíes. Junto a la tolerancia de las altas esferas y la pasividad cómplice, está el soborno de los uniformados por las mafias de la inmigración y las drogas. En los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, se repite, lloviendo sobre mojado, no sólo que España es el puente por el que entra el hachís en Europa, sino que esa “actividad está protegida por el gobierno de Marruecos”. En dichas declaraciones, realizadas en el docto foro por un invitado experto en esas lides: el inspector jefe de policía de la delincuencia económica y el blanqueo de dinero de la Costa del Sol, se agregaba que entre mil y dos mil millones de pesetas procedentes del blanqueo de dinero  se invierten cada año en propiedades inmobiliarias de la Costa del Sol. Por otra parte, en concordancia con el diagnóstico del Estado Mafioso habría que destacar la noticia-testimonio de una responsable del Servicio de Inmigrantes y Refugiados de la Cruz Roja, que relacionaba “la oleada gigante de inmigrantes de agosto, con el bono de tres viajes por uno que facilitaban las mafias”, y con ello la posibilidad de hacer tres intentos por el precio de uno en el caso recurrente de ser devueltos al otro lado del Estrecho.

·                     Algo desacreditado, el gobierno marroquí emitió una nota pública, en la que tachaba la postura del gobierno español de “simplista”, de no tener en cuenta “la complejidad del problema”. La tesis de la argumentación era que “las responsabilidades tenían que ser compartidas”, dado que “los actores y los intereses en juego son tanto españoles como marroquíes”. Dicha tesis sería respondida,  no sin ira, por una editorial del diario El Mundo de 24-8-01, que tras admitir la complejidad del problema, rechazó de plano que los actores y los intereses entre los dos países vecinos fueran comunes y compatibles. “Los actores de este drama -señalaba- son los cientos de miles de marroquíes y subsaharianos que intentan cruzar el Estrecho de forma ilegal. También son importantes actores las mafias que explotan este tráfico humano en Marruecos, algunos con conexiones policiales...”. En cambio, por el lado español, los actores  son los que “llevan el uniforme verde de la Guardia Civil que vigila las costas, rescata los náufragos y los devuelve a su país de origen”.  Y qué decir de la antinomia de intereses cuando “la inmigración se ha convertido en la principal fuente de ingresos de Marruecos, mientras que para España resulta un grave problema social”. Como colofón la editorial hacía su diagnóstico del fenómeno migratorio, cuya “principal causa” estriba en “la diferencia de renta y desarrollo” entre España y Marruecos, zamarreando de camino a la  teocrática monarquía, dada “la falta de libertad política, con un monarca que es a la vez líder religioso del país”.

·                      Mohamed VI respondería con unas declaraciones al diario francés Le Figaro en las que insistía en el leit motiv de “la falta de medios” y la “responsabilidad compartida”, distinguiendo entre mafias ricas y mafias pobres, y acusando a España de haberles dado la doble nacionalidad. Admitía sin rodeos que había mafias en Marruecos “que viven de la emigración clandestina y del tráfico de drogas”, aunque a su real entender “en España también hay mafias y son más ricas que en Marruecos”. En cuanto a los traficantes de drogas marroquíes aseguraba que “tienen pasaportes españoles y cuentas bancarias en España. No somos nosotros –añadía- los que les hemos concedido la doble nacionalidad”. Acto seguido,  en rueda de prensa, el embajador de Marruecos en España corroboró el punto de vista del monarca y devolvió los golpes lanzando los dardos por partida doble contra los esfuerzos legislativos españoles. Adujo que la Ley de Extranjería española en lugar de impedir el “efecto llamada” de la inmigración ilegal lo había incrementado, y que la Ley del Menor atrae a los jóvenes menores de 18 años en la medida que éstos no pueden ser devueltos al estar amparados por la normativa española.  Por otro lado, como muestra de que el gobierno marroquí hace lo que puede, señaló el gasto que realiza,  tres millones de dólares anuales con el fin de disuadir a la emigración ilegal.

·                     La réplica no se hizo esperar. El diario El Mundo calificó de “torpes” las declaraciones del diplomático marroquí, “porque suponen un reconocimiento implícito de que los jóvenes marroquíes se ven obligados a abandonar su país para sobrevivir en España” y porque ciertamente la inmigración es “para Marruecos un magnífico negocio que reportan los 1,6 millones de súbditos que han abandonado su país”. El Mundo apostillaría en una nueva editorial que el gasto aducido por el embajador no era gran cosa comparada con lo que gastaba España en las operaciones del paso del Estrecho de los MRE (Marroquíes Residentes en el Extranjero) que vuelven en vacaciones. “Esa cantidad -decía- es la décima parte de lo que invierte  España cada verano en la operación que facilita a los marroquíes cruzar Gibraltar” . Y añadía: “Es evidente que hay una enorme asimetría en las relaciones bilaterales con Marruecos, en las que los sucesivos gobiernos españoles después de la muerte de Franco han tenido que sacar la cartera para evitar, después de la bochornosa descolonización del Sahara, otro chantaje sobre Ceuta y Melilla. Nada ha cambiado políticamente en Marruecos en los últimos 25 años, pero si han cambiado muchas cosas en España...” Por otra parte, algún comentarista abundaría en cómo la falta de entendimiento entre Marruecos y la Unión Europea para lograr un acuerdo pesquero repercute en España, “enturbiando las aguas”.

 

¿”Ayuda al desarrollo”, de qué?

·                     En medio de la polémica, la embajadora de Marruecos en la UNESCO -invitada a un curso de la Universidad Complutense- repetiría la tesis de que su gobierno “hace lo que puede” en la lucha contra las mafias, y que las mafias están en los dos lados, como basamento de la “responsabilidad compartida”. Referiría que no menos pernicioso que el “efecto llamada” era el “efecto acogida” que encuentran los “sin papeles” en España, al decir: “Cuando vienen los inmigrantes ilegales, aquí (en España) encuentran acogida y consiguen trabajo. Sabemos que hay lugares que se han beneficiado económicamente  gracias a esa mano de obra, y eso supone que hay mafias a ambos lados” ( del Estrecho). Al parecer la embajadora, no había reparado en medidas acordes con esa crítica, tal como “el control en Marruecos de la salida “sin papeles” y el control en España de la contratación ilegal”. La solución que daba era el diálogo y las “nuevas vías de cooperación”, tal como las inversiones de capital y los proyectos (macro y micro), que den empleo en los países de origen y contrarresten la inmigración. O sea el conocido recetario de la “ayuda al desarrollo”, piedra filosofal donde las haya, y en nombre de la cual, salvo rara excepción, se consigue “el desarrollo del subdesarrollo”.

·                     “Nos interesa el desarrollo de Marruecos. Es nuestra principal prioridad”, señala el Ministerio de Asuntos Exteriores español, por su parte, que ha editado el informe “La relación de España con Marruecos: un compromiso múltiple y creciente”. A continuación toda una serie de articulistas se ha dedicado a la glosa del informe, a mostrar con pelos y señales cómo España contribuye al desarrollo económico de Marruecos, en calidad de segundo inversor extranjero, después de Francia, que tiene el primer puesto. Según esto, en Marruecos hay cerca de un millar de empresas españolas, algunas tan relevantes como Telefónica, Endesa, Repsol, Dragados, Tabacalera, Sol Meliá y  Telepizza, entre otras. Amén de las principales entidades bancarias. Esta actividad de las empresas españolas se ha visto animada por el lucrativo efecto que ha supuesto, en estos últimos años de bonanza económica, la reconversión de una buena porción de la deuda externa de Marruecos con España en inversiones privadas españolas hacia ese país.

·                     Se cifra en dos mil millones de dólares la inversión española del pasado año en Marruecos. Por ejemplo, Telefónica se adjudicó en 1999 el concurso de la segunda licencia GSM de telefonía móvil; Dragados y Construcciones trabaja en el suministro de agua, electricidad y servicios del área metropolitana de Rabat; ALSA, obtuvo la concesión del sistema de transporte urbano de Marraquech y montó una factoría de autobuses en Casablanca.

·                     Otro indicador de los lazos económicos con el vecino país son las exportaciones españolas que el año pasado rondaron  los 228.000 millones de pesetas, mientras los productos marroquíes importados por España giran en torno a los 160.000 millones. Además, durante estos últimos cinco años Marruecos ha tenido abierta en España una línea de crédito por valor de 150.000 millones, en los que se incluyen los préstamos “blandos” del Fondo de Ayuda al Desarrollo. Asimismo, se ha destacado que desde septiembre del año pasado está en vigor el Plan PAIDAR con una dotación de nueve mil millones de pesetas para una serie de proyectos alternativos a las actividades ilegales en las zonas tradicionales de tráfico de drogas, actividades a las que se ha incorporado el tráfico de seres humanos.

·                     “Marruecos -según el citado informe- es el país que más ayuda oficial española al desarrollo recibe en todo el mundo. La Agencia Española de Cooperación Internacional aportó en el año 2000 más de 2.300 millones de pesetas”. “Durante  el periodo 1999-2000 se han subvencionado 80 proyectos de 21 ONGs por un importe de 3.200 millones de pesetas”. El informe destaca asimismo la existencia de once centros educativos de titularidad pública española en Marruecos, en los que se imparten educación infantil, primaria y secundaria, además de cinco centros del Instituto Cervantes. 

·                     Sin embargo, pese a que las inversiones españolas y los intercambios comerciales de España con Marruecos se han multiplicado por diez en los últimos cuatro años, y que se considera a éste un “socio privilegiado”, el balance no deja de ser altamente pesimista. Marruecos sigue teniendo la menor renta por habitante de la Cuenca Mediterránea (1.300 dólares anuales), con un 20% de paro en las ciudades y un 60% en el área rural, y más de cuatro millones de marroquíes viviendo en chabolas. El crecimiento económico es nulo, su Producto Interior Bruto está estancado y la mitad de su población es menor de 18 años. Una población, que a decir de algún comentarista, está situada en el dilema de la inmigración o la revolución.  

 

El dilema de la emigración y la revolución

·                     No han pasado por alto los artículos de prensa el contraste entre las inmensas riquezas del rey de Marruecos y la enorme miseria en la que yace la mayoría de sus súbditos. El desprecio por la vida de éstos y las divisas que proporcionan los emigrantes, constituye según algunos comentaristas, el intríngulis de la política migratoria del reino de Marruecos. El dominical del derechista diario ABC (26.8.01) destacaba el rechazo de Marruecos a “una campaña publicitaria (financiada íntegramente por España), en la que se advertía de los riesgos que conlleva la inmigración irregular. Sin embargo, los medios públicos difunden durante todo este verano una serie de “spots”, a cual más tópico, en los que se glorifica la figura del emigrante que regresa a su país durante las vacaciones. El marroquí que se va en patera y regresa en  “Mercedes” con placa europea es un modelo a imitar”.

·                     Y continuaba el articulista :“Es el propio rey Mohamed VI quien, en los últimos veranos, ha recibido a pie de escalerilla a los primeros de entre sus súbditos en realizar  el paso del Estrecho. El mismo monarca que en sus discursos  agradece la contribución al desarrollo del país de los MRE (Marroquíes residentes en el extranjero), pero no nombra de pasada a aquellos que, por abandonar su tierra, dejan su vida en las aguas del mar. Al margen de la inyección de divisas que los emigrantes aportan a las arcas nacionales (casi un 10% de los marroquíes, una quinta parte de la población activa reside fuera de Marruecos) la posibilidad de huida supone una válvula de escape a una presión social cada vez mayor...”

·                     Los MRE se cifran en más de 2,2 millones, el 70% de los cuales residen en seis países de la Unión Europea (Francia, España, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania). Según el propio gobierno marroquí, gracias a ellos llegaron en 1999 a Marruecos más de 290.000 millones de pesetas. En España, según el ministro español de Asuntos Exteriores, ya puesto a rebajar la tensión diplomática, “hay ya casi un cuarto de millón de marroquíes viviendo legalmente en España. Por tanto no hay ninguna política orientada a limitar la presencia de ciudadanos marroquíes en nuestro país. Otra cosa es la de la inmigración ilegal. Eso produce tensiones en todas partes”. Y añadía: “Marruecos está a 14 kilómetros de la Península. Y además con unos niveles de diferencia de renta que, en estos momentos, se sitúa de 20 a 1, y con unas tendencias demográficas  completamente opuestas”.

·                     Según los expertos reunidos por esas fechas en la Universidad Internacional de Andalucía en torno al tema “Inmigración extranjera y políticas sociales”, en España hay una cifra cercana a 25 extranjeros  por cada mil habitantes, cuando en Francia hay 80 y en Luxemburgo 250. La conclusión es que en España no se puede explicar la inmigración en términos de “avalancha”, por lo que aconsejan que la inmigración no se trate como “problema sino como fenómeno”. Señalando al efecto, cómo “el Programa Greco presentado por el Gobierno como un plan regularizador de la población inmigrante extranjera no comunitaria presta mayor atención a dotar de instrumentos de control a las fuerzas de seguridad del Estado que a las políticas de integración de aquellas personas que ya conviven entre nosotros”. ¿Solución? Que los principales partidos políticos españoles, en lugar de buscar la rentabilidad electoral, se pongan a consensuar un acuerdo válido y viable en materia de inmigración. Algo para lo que no se necesitan demasiadas alforjas, sobre todo teniendo en cuenta que, según otro experto profesor, habría que empezar por ponerse a estudiar la cuestión. 

·                     Pero la solución ya se ha planteado en otros foros. El PSOE ha venido proponiéndosela al gobierno del PP. Tras el pacto firmado contra el terrorismo tocaría firmar otro pacto sobre la inmigración. Para presionar en ese sentido, la secretaria de Políticas Sociales y Migratorias del PSOE  mostró su desacuerdo con las críticas a Marruecos, pidiendo que no se delegue la responsabilidad gubernamental en el otro país, que no se echen balones fuera, y que las relaciones casi rotas entre España y Marruecos “no es el camino que se debe seguir”. El Coordinador General de Izquierda Unida también acusó al gobierno español de buscar en Marruecos “el chivo expiatorio de su fracaso en política de inmigración” y denunció la “obsesión policial” del gabinete Aznar, que no articula planes de desarrollo de los países de origen de los inmigrantes. A juzgar por esos mensajes, no parece encontrarse en la izquierda española ningún atisbo revolucionario, sino más bien el conservadurismo o el temor a desestabilizar la situación, o sea al sobresalto de los de dentro y a los de fuera.

·                     Un analista de tinte pragmático resumía la cuestión por su cuenta: “Si no se crea un  área de estabilidad, Marruecos se puede convertir en un polvorín y, si no se articulan nuevas alternativas, sólo le quedarían dos salidas: la revolución o la inmigración”. Naturalmente hay quien espera que la revolución no prenda en los de abajo sino en los de la “revolución por arriba”, y que sea el monarca o su familia el que lleve a cabo alguna modernización del país, dado que un vuelco de la situación por el lado del “fundamentalismo islámico” tampoco sería para echar las campanas al vuelo. Por eso, no faltan las recomendaciones solidarias sin tapujos altruistas del tipo de: “Hay que ser conscientes de que la relación de España con Marruecos a corto y medio plazo debe entenderse en términos de solidaridad egoísta. Debemos dar más de lo que vamos a recibir, porque la estabilidad del Mediterráneo nos interesa”.

Así pues, las pateras tendrán que seguir cruzando el Estrecho contra viento y marea.