Revista Laberinto

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Home Números publicados laberinto 46 Nuestros clásicos: Una vez más acerca de los sindicatos, el momento actual y los errores de los camaradas Trotski y Bujarin

Nuestros clásicos: Una vez más acerca de los sindicatos, el momento actual y los errores de los camaradas Trotski y Bujarin

Para este Número 46, dedicado al movimiento de la clase trabajadora y la política obrera, el Consejo de Redacción ha seleccionado el texto de Lenin Una vez más acerca de los sindicatos, el momento actual y los errores de los camaradas Trotski y Bujarin. Como viene siendo habitual desde hace unos años, acompañamos a Nuestro clásico de una introducción que procura situar la obra en su contexto, intentando facilitar la lectura de textos muy alejados en el espacio-tiempo y poder extraer conclusiones para el momento actual de los debates y experiencias históricas. ¿Por qué es más sencilla la militancia política que la lucha sindical? es el provocativo título del prefacio que comienza así:

Puede parecer extraño hoy que el texto que hayamos escogido para Nuestros Clásicos participe del debate que se produjo a finales del año 20 y comienzos del 21 sobre la función de los sindicatos en una sociedad socialista –de transición al comunismo–, mientras que cogen polvo otros textos de Lenin, Rosa Luxemburgo o Trotski que analizan la lucha sindical bajo las relaciones de producción capitalista. Sin embargo, los matices que la polémica fraccional obliga a introducir a Lenin nos van a permitir afilar también nuestro análisis de la función de los sindicatos en el capitalismo y, sobre todo, de su relación con una política anticapitalista.

El propio Lenin escribe:

Ese término es desacertado desde el punto de vista teórico. Toda democracia, como toda superestructura política en general (ineluctable mientras no se culmine la supresión de las clases, mientras no se cree la sociedad sin clases), sirve, en última instancia, a la producción y está determinada, en última instancia, por las relaciones de producción de la sociedad dada. Por eso, separar «la democracia en la producción» de cualquiera otra democracia no dice nada. Es un embrollo y una vacuidad.

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