Revista Laberinto

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Home Números publicados laberinto 45 Comunismo para la ciudadanía

Comunismo para la ciudadanía

A derecha e izquierda del espectro político siempre es preciso admitir que existe una idea políticamente irrenunciable, la idea de una república en la que los legislados sean a la vez legisladores, es decir, la idea de una sociedad de hombres libres e iguales, de una comunidad de ciudadanos.

Sobre este tema, hace ya varios años, publiqué junto con Luis Alegre Zahonero y Pedro Fernández Liria un libro ilustrado por Miguel Brieva y titulado Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho (2009). En el fondo, sosteníamos la tesis de que el capitalismo es incompatible con las condiciones materiales necesarias que hacen posible la «ciudadanía», al menos si con esta palabra nos referimos a algo que de verdad tenga que ver con lo que pensaron al respecto los filósofos de la Ilustración (C. Fernández Liria, 2011). O por las mismas razones: que el capitalismo es incompatible con esa realidad política irrenunciable a la que solemos llamar Estado de Derecho.

Nuestra postura se resume fácilmente: hay que ser comunista para defender esas cosas. De lo contrario, se trata de una farsa. El motivo de que haya que ser tan radical es que el capitalismo es radicalmente incompatible con el Estado de Derecho. Es cierto que, en general, los filósofos de la Ilustración no desembocaron en este resultado. Les faltaba un elemento para ello: haber leído a Marx. Eso hace que en muchos de ellos (por ejemplo, en Locke o en el propio Kant) el cinismo y la ambigüedad sean difíciles de distinguir. Pero, tras El Capital de Marx, es imposible ya defender al mismo tiempo la condición ciudadana y el capitalismo sin movilizar inmensas dosis de mala fe.

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