Revista Laberinto

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Editorial

The times they are a-changin’, los tiempos están cambiando. Sin remisión. Ha cambiado el tiempo y las cosas con él, pero a la hora de afrontar el blanco vacío de la página encontramos muchas noticias a las que referirse y ningún acontecimiento. Se multiplican las convocatorias de movilizaciones ciudadanas y de huelgas generales; se suceden las elecciones. 15-M y 25-S; 29-S, 27-E, 29-M y 14-N; 22-M, 20-N, 25-M, 21-O y 25-N. Ninguna ruptura singular en su concreción, universal en el camino que señala el fin de algo, el comienzo de lo otro no para una, ni para unas, sino para todas las singularidades. Eso no es óbice para estar muy atentos a los cambios del tiempo.
El 14-N ha gozado de un carácter europeo del que no disfrutaron convocatorias anteriores, los autónomos han apoyado la huelga general por primera vez y el seguimiento entre los pequeños propietarios ha sido sensiblemente mayor. Por lo demás nada nuevo. Los obreros de la industria y del transporte la han secundado en torno al 100%. Digamos el 99%. En las demás fracciones del salariado el seguimiento ha sido mucho menor: en el público ha rondado el 50% y en el sector comercial y en la hostelería no ha llegado ni siquiera a ese porcentaje.
A su vez el 25-S, contra todo instinto negrista, localizó el centro del poder en el parlamento. Éste es un cambio importante, pero tampoco supone un acontecimiento. Incluso una rebelión cantonalista, lo más cercano al acontecimiento sin serlo, necesita identificar más de un centro de poder para tener posibilidad de continuar su proceso de verdad. Falta aún que el movimiento democrático adquiera mayor conciencia del mal; mal cuya fortaleza se mide cómo ha de hacerse con la de una cadena, por el eslabón más débil. En el caso de la cadena democrática el eslabón más débil son, y cada vez más, los lugares de trabajo y su falta.