Revista Laberinto

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Mis impresiones de un Primero de Mayo en Berlín

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Si puede verse cierta uniformidad en la cabecera del cortejo matinal, (hay otro por la tarde) donde se colocan los grandes sindicatos, a los que sigue un festival de pancartas de todas las facturas y colores. La manifestación termina en la Puerta de Brandenburgo, y en la gran avenida que se extiende detrás del monumento, se instalan una larga hilera de puestos o pequeñas barracas de las distintas organizaciones, ofreciendo sus revistas, periódicos, etc. amenizado todo con cerveza, salchichas, pequeños grupos musicales, algunos de emigrantes que exhiben su propio folklore y pequeñas terrazas con mesas y sillas para beber, comer y conversar. No solo los alemanes estaban presentes. Allí encontramos organizaciones de Francia, de Túnez, de Libia, de Egipto, de Irán, de Marruecos, de Irak...cada una con sus pancartas y sus publicaciones.
La mayoría de las organizaciones se denominan marxistas o marxistas-leninistas. Mucha animación buen ambiente y gran participación, pero uno no deja de preguntarse si no nos debilita esta dispersión de fuerzas, aunque hay que decir que las nuestras en España muestran un enfrentamiento mayor entre ellas, en Alemania parece que respetan sus respectivos terrenos. Recogí panfletos de todos los colores y no aprecié en ellos ataques de unos a otros.

Sin poderlo evitar me venían a la mente los tristes cortejos que organizan CC OO y UGT, con sus estandartes elevando sus siglas al cielo, sus brazaletes, sus gorras, sus pegatinas, sin otro mensaje que las siglas repitiéndose hasta la náusea. Los obreros hace tiempo que les abandonaron y aprovechan los primeros albores de la primavera para salirse de la ciudad y disfrutar un día de campo.

No sé hasta que hora dura aquella fiesta, porque un par de horas después de llegar  nos fuimos a un embarcadero cercano para pasear en barco durante una hora por los ríos que atraviesan Berlín. Estos barcos están equipados con unos altavoces en los que nos van describiendo  la historia y la función de los grandes y majestuosos edificios, antiguos y modernos que se van apareciendo ante nuestros ojos. Vino a mi mente el eterno debate sobre la relatividad del tiempo, porque la hora se nos pasó en un soplo, como si la admiración detuviese al reloj.

Volvimos al hotel a primera hora de la tarde y nos encontramos al salir del metro un despliegue policial de mucho cuidado. Es una plaza en la que desembocan varias calles. Todas estaban tomadas y había coches celulares, tanquetas y ambulancias. Ya me habían advertido los compañeros alemanes que la manifestación de la tarde es más “dura” que la de la mañana, aunque buena parte de los de la tarde estaban también por la mañana. Y el cortejo transcurriría precisamente por la avenida en la que estaba nuestro hotel. Eso me permitió filmarlo desde mi balcón.

Abrían el cortejo dos policías andando de espaldas (no entendí el porqué) seguidos de unas hileras de jóvenes vestidos todos de negro y con capuchas, enlazando sus brazos para formar una masa compacta. Después de ellos una heterogénea mezcla con sus pancartas. Esto duró más de media hora. De vez en cuando se producían huecos, posiblemente para separarse las distintas organizaciones y dejar que se viesen bien las largas pancartas que portaban a la altura del suelo. El cortejo marchaba en dirección a la plaza a la que habíamos llegado con el metro, lo que indica que aquel despliegue policial era para esperar que llegaran, porque posiblemente allí podían aparecer desordenes. Al final del cortejo conté hasta 14 coches de la policía, entre ellos algunas ambulancias y furgones. Parece pues, que los altercados se esperan y deben formar parte de la tradición.

Hay otra cuestión que me llamó poderosamente la atención. El Barrio de Kreuzberg está literalmente tomado por los emigrantes venidos de Turquía y del Medio Oriente, incluidos los restaurantes (los kebak) con sus tradicionales comidas así como los comercios, sobre todo de tejidos, zapatos y pequeños supermercados. Estos tienen la costumbre de colocar en la calle, ante su comercio, unos grandes pupitres con gran cantidad de frutas, verduras y hortalizas. Nos asombramos al ver que los precios son muy semejantes a los de España (siendo que el poder adquisitivo del trabajador es más elevado que en España). Llegamos a ver una oferta de fresas de Huelva (en aquellas bandejitas de plástico de ½ kilo que traen la denominación de origen) a 50 céntimos la bandeja. Estuve examinando detenidamente varias de ellas y pude comprobar que estaban todas lisas y frescas como acabadas de recoger. ¿Cómo se explica esto? Bueno, lo primero que hay que tener en cuenta es la inicua explotación que sufren los emigrantes que recogen la fresa en los campos de Huelva. Pero eso afecta también a las que venden más caras en España. Luego sólo cabe deducir que en España hay más intermediarios que la encarecen. También estuvo mi compañera hurgando por las estanterías de los productos de belleza y encontró algunos de la misma marca que ella usa, sensiblemente más baratos. Igual cabe decir de otros productos como los tarros de yogurt griego de un kilo, que en el LIDL de mi barrio cuestan dos Euros y en Berlín uno. Otro enigma que no se resuelve porque Grecia esté más cerca de Alemania que de España.
Queda pues una pregunta en el aire: ¿cómo se forman los precios en España? Esto es sangrante si tenemos en cuenta que tanto el gobierno español como los banqueros y los empresarios están lanzados a reducir el costo de la mano de obra, cuando resulta que ganado menos estamos pagando los productos de primera necesidad más caros que en una Alemania que tiene los salarios mas altos que aquí.