Revista Laberinto

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¡A la huelga general del 29-S! Yo sí voy

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1. Quienes estamos por el sindicalismo de clase –de participación, firmeza y combate- y militamos en Comisiones Obreras, desde su nacimiento pese a todos los desaguisados, no podemos sino celebrar la convocatoria de la huelga general del 29 de septiembre por CCOO y UGT, y trabajar por su más rotundo éxito. El 29 de septiembre debe ser –la clase obrera y el resto de los trabajadores lo necesita tenga o no conciencia de ello- un hito en la historia del movimiento obrero político y sindical en España. Porque se trata de tumbar y revertir la infame reforma laboral del Gobierno Zapatero, y abrir con ello un nuevo ciclo de luchas, estrechamente vinculado a la emancipación del trabajo, y a la cultura del valor trabajo. Hay que pararle los pies a las patronales explotadoras e insaciables, hay que hacer retroceder al Gobierno socioliberal de Zapatero, el mismo que prometía no recortar derechos y que se ha descolgado con las medidas más neoliberales y regresivas de la Unión Europea, en la que España ocupa en gasto social los últimos lugares, el 20 de la UE-27, debido a una fiscalidad culpable que grava al trabajo y no al gran capital.


Así, pues, la consciente perspectiva, que tenemos por delante, ha de ser unánime en no caer en la trampa del enemigo que pretende desactivar la justeza y la viabilidad de la huelga general, ni en la trampa de los “amigos” que esgrimen que la huelga general le hace el juego a la derecha, porque una vez más es el Gobierno “socialista”, con su política neoliberal, el que le ha puesto en bandeja el ascenso electoral a la derecha populista y demagógica del PP, mucho antes de que fuese convocado el 29-S. Al extremo de que es más bien el climax del 29-S y la posibilidad de que esta jornada sea un punto y seguido, como promete serlo, la que podrá frenar la deriva derechista en España.

 

2. La embestida de la reforma laboral, “la reforma más ambiciosa de la democracia”, a decir del despistado presidente Rodríguez Zapatero, y que ciertamente ha rebasado a todas las anteriores en la brutalidad del ataque, no va a crear empleo, como recientemente han corroborado los Inspectores de Trabajo en un comunicado público. La reforma comprende un ataque frontal al empleo fijo y a la estabilidad del empleo, a las condiciones de trabajo y salario, con la puesta en la picota de la negociación colectiva. Asistimos a un tijeretazo superlativo al coste de despido y a la descausalización del despido, al que responden las aviesas figuras del despido preventivo y el despido por absentismo, junto al menoscabo de la tutela judicial. La reforma no tiene, claro está, el objetivo de crear empleo sino de el de llevar la inestabilidad laboral a gran escala a sus últimas consecuencias. No es suficiente el 30 o el 40 por ciento de contratación temporal y precaria, porque se trata de que el trabajador asalariado no se sienta seguro en el puesto de trabajo sino pendiente del látigo del patrón y del capricho discrecional de los amos. Por eso el gobernador del Banco de España, ante la leve y peregrina penalización de la contratación temporal, nada menos que para 2015, y humo en realidad, declaraba que a la contratación temporal ni tocarla. Sabe muy bien que el objetivo es el acoso y derribo del empleo fijo, de manera que la contratación indefinida ordinaria se convierta en algo residual, y los trabajadores fijos sean una especie en peligro de extinción.


3. Desde la promulgación del Estatuto de los Trabajadores (1980) el largo recorrido de las reformas laborales neoliberales ha consistido en demoler las conquistas del movimiento obrero obtenidas en las décadas que le precedieron. Ha sido una guerra social durante treinta años nada menos, que no podemos dar por perdida. Porque las batallas que se ganaron fueron gracias a la huelga general, caso de las huelgas generales de 24 horas de 1988, frente al Gobierno del POSE de Felipe González y del 2002, frente al decretazo del Gobierno del PP de J.M Aznar. Tanto estas dos huelgas generales como las de menor duración de 1992 y 1994 fueron convocadas conjuntamente por los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, excepto la de 1985, contra el recorte de las pensiones contributivas, convocada por CCOO, USO, CNT y el vasco ELA-STV, y que fue la primera huelga general declarada al primer Gobierno del PSOE presidido por Felipe González. Y de todo lo cual cabe sacar por lo pronto dos conclusiones , una , que las convocatorias de huelgas generales a la escala de toda España han sido bien pocas a lo largo de 30 años, pese a los ríos de tinta contra “la ofensiva neoliberal”, y dos, que las pocas convocatorias de huelgas generales, lo han sido por CCOO y UGT, en calidad de sindicatos mayoritarios, sin que ningún otro tipo de organización obrera sindical o política haya desbordado alternativamente tales convocatorias, ya sea por medio de acciones más resueltas y/o de mayor duración. El hecho de que la última huelga general en España fuese la ya lejana de junio de 2002 contra el decretazo de Aznar, no ha sido nada positivo, como no lo es transigir por principio con la política del mal menor, o la de limitarse a limitar el número de damnificados por los sucesivos tsunamis. La desmovilización es siempre parte del problema y la movilización siempre es parte de la solución. Y así hay que decirlo y reivindicarlo, que para algo está el actualizar las tácticas y las estrategias de lucha.


4. Los sindicatos mayoritarios –CCOO y UGT- lo son porque tienen una representatividad del 77% en los comicios sindicales y, en consecuencia, son los que están en mejores condiciones para proceder a la movilización y asegurar que la convocatoria de la huelga general sea un éxito. Así lo han entendido los sindicatos minoritarios que se han pronunciado a favor del 29-S. Toda la izquierda social y política ha entendido justamente que la reforma laboral está dirigida a machacar a la clase trabajadora, y que la respuesta de la huelga general del 29 de septiembre no se dirime entre el Gobierno Zapatero y los sindicatos, como los medios de comunicación de las patronales y el propio Gobierno está interesado en hacer creer, al objeto de desvirtuar los intereses en juego y la centralidad del conflicto capital/ trabajo. Como no pueden negar que la huelga general sea un derecho constitucional, lo mismo se les antoja pronosticar que la huelga general será un fracaso.


Según los voceros patronales los trabajadores tienen la cabeza muy agachada y la masa laboral no echa cuenta de los sindicatos sino de llegar a fin de mes, pues el peor contrato “basura” es el paro, que son cinco millones, y que utilizan demagógicamente para empeorar las condiciones de trabajo y salario y generalizar el empleo sin derechos. Porque la misma lógica capitalista, que provoca la crisis económica y su deriva política e ideológica demanda de sus millones de víctimas no sólo que paguen la crisis sino que lo hagan sin rechistar, sin atreverse a levantar la voz en grito, no sea que del “digamos no” pasen a los mayores signos de rebelión y rechazo. Saben que el malestar social es creciente y que, una de dos, o este masivo descontento se canaliza por el camino alternativo de la izquierda, o alimenta la resignación y los desagües demagógicos y reaccionarios de las derechas.


5. No deja de ser significativo que la convocatoria del 29-S haya desatado una campaña de hostilidad a los sindicatos por parte del Partido Popular, desenmascarando aquellas otras pretensiones de “partido de los trabajadores” con la que había flirteado. Primero a cuenta de las subvenciones, sin caer en la cuenta que no hay patronal más subvencionada que la patronal española; luego a cuenta de “los liberados sindicales” en el sector público, y en los que al parecer se mezcla la representación sindical de los delegados de personal y comités de empresa con la burocracia sindical, que no son ni tienen por qué ser lo mismo, con el objetivo por descontado de confundir la parte con el todo, de manera que todos resulten ser unos vividores, desclasados y corruptos que se sirven del sindicato en beneficio propio. El hecho de que la cabeza de turco principal sean los sindicatos mayoritarios, no es óbice para que el objetivo del desapego y desafección de los trabajadores al sindicalismo sea la moraleja de una campaña decididamente hostil. Es harto sabido que los neoliberales no quieren ver ni en pintura, en las empresa, y menos cuanto más pequeñas sean, a los trabajadores sindicados, porque de no ser “amarillos” o comportarse como tales, todos le resultan sindicatos rojos y detestables. Para rematar, tampoco el Partido Popular –con los casos de corrupción hasta las cejas- es el más indicado para impartir un discurso moralizante que, además, no haría si los sindicatos en cuestión le hicieran el caldo gordo, como reclama la Tatcher-Aguirre, que ya se lució en la represión de la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid.


6. La patronal CEOE trata de sacar partido del sermoneo paternal para desmoralizar sobre el fracaso de la huelga general que tilda de “inútil, inoportuna e innecesaria”, porque en caso de ser un éxito, asegura que lo será por los piquetes de huelga ¡qué horror!, con los que asustan a la ciudadanía, como antes lo hiciera con el terror rojo. No dicen, claro está, que la fijación de los servicios mínimos al gusto de las empresas, los convierte en mínimos de nombre y maximizados de hecho y, por ello, exponentes de un encubierto esquirolaje, cuando ni lo uno ni lo otro lo consiente ningún ordenamiento de la huelga mínimamente decente. Hoy como ayer la huelga es una cesación del trabajo salvo lo más indispensable, porque de no ser así el ejercicio del derecho de huelga no sería eficaz sino inofensivo para la empresa, de lo que se infiere el incumplimiento de los injustificados servicios mínimos.


La patronal como enemigo acérrimo que es, vocea que la huelga general es una “antigualla” del movimiento obrero, pues aquí, por aquello del mundo al revés, todo está caducado menos ellos y su regreso neoliberal al siglo XIX, con el que piensan formatear el siglo XXI. Aunque por si acaso no dejan de minar el 29-S invocando al efecto “la libertad de trabajar” y “el derecho al trabajo”, justo ese día, cuando con cinco millones de desempleados está claro que la patronal dejó hace tiempo de hacer sus deberes, que es el de contratar/ explotar a los trabajadores. O sea, que aquí hay una huelga pertinaz de empleadores de tomo y lomo, que dura al menos tanto como la crisis capitalista, sin que nadie los haya puesto en la picota ni se le penalice por ello. Bien al contrario, todos los perrillos falderos compadecen a la clase empresarial que lo está pasando tan mal por culpa de la “rigidez” del mercado laboral.


La patronal andaluza CEA que, por boca de su presidente, “no ve ambiente de huelga”, estaría bueno que lo viera, hizo por si acaso un llamamiento a los empresarios para que “no sean conniventes con la huelga”. No sin recomendar el “cierre patronal”, en caso de serio riesgo para las personas y los bienes, cuando sabe de sobra que la huelga general es el ejercicio de un derecho legítimo a la resistencia obrera, un acto pacífico y consciente de los trabajadores para hacer respetar la dignidad del trabajo presente y venidero.


7. Los trabajadores no pueden mirarse en la peseta, como se decía antes, o en lo que nos cuesta el día de huelga, cuando de lo que se trata es de romper cadenas, como la de la infame reforma laboral, y librarse de la soga al cuello puestas por las políticas neoliberales. Es justo y necesario dar la batalla al Gobierno y la patronal, so pena de ir de mal en peor, sembrando cadáveres por todos lados. Podemos y debemos recobrar confianza en nuestras propias fuerzas, que son las de la mayoría de la población. En muchas empresas, los trabajadores tendrán que señalarse y arriesgar bastante, y hay que decir que la solidaridad efectiva no debe faltarles. A los trabajadores sindicados les corresponde estar en la primera línea del combate, y a los trabajadores no sindicados les corresponde entender para sostener la resistencia y las luchas de larga duración como las que se avecinan hay que estar más y mejor organizados en el sindicalismo de clase, en la militancia de la izquierda política y social radical. Que así sea. ¡Por el éxito del 29-S y a continuar! ¡Viva la huelga general!