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Olof Palme visto por Cayo Lara

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Hace unos días me encontré en el diario Público un articulo de Cayo Lara sobre la figura de Olof Palme (“El legado de Olof Palme”, en la edición del 19 de julio pasado). Un verdadero panegírico. Cayo se fija en la imagen de Palme, destacando su honradez y su sinceridad. Se deshace en elogios sobre su figura, su entrega personal, hasta llegar a afirmar que en estos momentos “desearía contar con muchos de ellos (como Palme) para afrontar los retos que, sin duda, nos esperan.”


La verdad es que me asombra e inquieta ver el enfoque que se da a la figura de Olof Palme, viniendo de un militante del PCE. Si en algo debemos diferenciarnos los comunistas del resto de los que tratan de hechos o personajes históricos, es en la profundidad y el rigor con que se deben presentar. Olof Palme vivió en una cierta coyuntura del capitalismo sueco, sometido a unos condicionantes, que es necesario conocer para trazar cabalmente la figura del personaje, con sus sombras y sus luces.

 

Este trabajo adquiere mayor importancia si se toma en cuenta la gran difusión que adquirió por todo el mundo en los años 60 y 70 el llamado “socialismo sueco” que vino a transformarse en algo muy cercano al mito. En aquellos años, las personas que se dicen de izquierda, los trabajadores que vivían cada día la explotación, pero habían sido impregnadas del terror al comunismo desde la escuela, el ejército1 y los medios de comunicación, echaban mano del “socialismo sueco” con Palme a la cabeza, como la alternativa ideal al capitalismo y al comunismo. Pocos eran los que profundizaban en el conocimiento de la sociedad sueca de aquel momento para enmarcar en ella el verdadero papel que jugaba Palme en el desarrollo del capitalismo sueco.


Intentaremos hacer aquí una aproximación a la Suecia de entonces. De todo lo que he leído al respecto, lo más serio fue un libro que compré en Brasil, titulado El “socialismo sueco”, de la Editorial Estampa, de Lisboa en 1970 traducido del francés. Era una serie de artículos de Jacques Arnaut, que habían sido publicados en origen en L`Humanité, el órgano del Partido Comunista francés y después recopilados bajo el titulo Le “socialismo” suédois. Un texto no muy largo, pero denso y preciso. El autor anduvo por Suecia y se entrevistó con obreros, sindicalistas, directores de empresas, políticos y economistas. Inicia el libro con una exposición de los antecedentes y la historia del desarrollo capitalista en el país, marcado por una tecnología en desarrollo acelerado y la producción de máquinas e instrumentos para la producción de una mundialmente reconocida calidad. Con los sucesivos triunfos electorales del partido socialdemócrata, que nace en 1889 con principios basados en el famoso Programa de Ghota, que fue objeto de la conocida crítica de Marx. Es en las elecciones de 1940 cuando consigue la mayoría absoluta en el Parlamento y se pone en marcha una especie de pacto entre el partido y los empresarios que da origen a lo que se extendió por el mundo con el nombre de “economía mixta”. Pero un repaso a los textos que nacieron en los sucesivos acuerdos que se firmaron deja bien a las claras que la burguesía continuó teniendo la sartén por el mango, encargándose el Estado en echar una mano cuando había necesidad de crear empleo. Hay que recordar también que Suecia se mantuvo neutral durante la guerra y eso permitió que su tejido industrial no sufriera los efectos de la misma y partiera con ventaja sobre otros países europeos cuando terminó el conflicto.


Por otra parte, las inversiones de capital sueco en el exterior crecen aceleradamente a partir de 1960, con un esfuerzo particular en dirección a los países del Tercer Mundo. Aquí es donde se encaja la política del Partido socialdemócrata hacia esos países. Tomo un trecho del libro:


“Puede observar – me dice C. H. Hermansson, presidente del Partido Comunista Sueco – que las medidas “progresistas” tomadas por la socialdemocracia, prácticamente nunca ponen en cuestión los intereses de la gran patronal.”

Ni tampoco las decisiones de ayudar al Vietnam, una vez conseguida la paz, o a los movimientos de liberación de las colonias de África o Cuba: El níquel, arma secreta de Cuba” era el titulo del periódico Folkbladet de 29 de septiembre de 1969, que reportaba la visita a La Habana de una delegación del partido socialdemócrata...La política de solidaridad activa de la socialdemocracia sueca con relación al “Tercer Mundo” que algunos observadores contrastan con la actitud de otras socialdemocracias de Europa, no es ciertamente contraria a los intereses a largo plazo de las sociedades suecas.”


En lo que dice respecto a la situación de la clase obrera reproduzco los siguientes trechos:


¿Cuales son vuestros problemas? – pregunté a Farlund, Jefe de Personal de la fábrica ASEA, de Orebro (40% de la producción exportada, 10% de producción mundial de construcción eléctrica): “Con gran sorpresa para nosotros – contesta – una pesquisa reciente nos acaba de revelar que en el transcurso de los últimos años, el absentismo de larga duración pasó en nuestra empresa del 6 al 12% del personal. Una enormidad. ¿Cuales son las causas?: Son, en general, dolores de espalda, resultantes de los esfuerzos físicos llevados al máximo nivel. De los ritmos de trabajo. Con el paño de fondo de enfermedades sicosomáticas”, nos responde el doctor Sabbagha, médico de la empresa. “Estas enfermedades sicosomáticas afectan frecuentemente a obreros a los que se mudo de trabajo o de categoría, que se encuentran desclasificados.”


Fue también de la fatiga que me hablan, en presencia del jefe de Personal, los dirigentes sindicales de Aciarias (del Estado) de Norrbottens: “La gran cuestión es ésta: ¿Cómo oponerse al despido de los obreros de mayor edad? ¿Cómo influir en la transferencia de obreros dentro de la empresa? Es la cuestión de la “democracia industrial” la que está puesta en causa. El obstáculo es el Artículo 32.”


De tanto oírlo, este articulo acabaré por conocerlo de memoria. “El derecho de la entidad patronal de despedir libremente a sus trabajadores, de dirigir y repartir el trabajo, etc”. La demanda de suprimirlo es la respuesta actual de los trabajadores suecos a la intensificación del uso de su fuerza de trabajo.


Trabajo como obrero fundidor de las fábricas Nobel, de Karlskoga, nos dice Anderson; no voy a negar lo que cambió: Las reducciones de horarios, las vacaciones pagadas, la Seguridad Social. Tenemos ahora la jubilación, pero sería necesario llegar a ella menos fatigado... Echando bien las cuentas, me pregunto a mí mismo si se vivía menos feliz hace 34 años.


Con solo un salario por familia se podía vivir modestamente; hoy son necesarios dos salarios para hacer cara al actual estándar de vida: trabajar para el apartamento, trabajar para el coche, trabajar para una pequeña casa de campo. Veo a mi alrededor a los jóvenes con esa excitación, esa búsqueda de un “alto nivel de vida”... Ese Valfardstaten ((Estado de bienestar) nos lleva a la muerte”


Se observa sin duda en Anderson una visión idealizada de su juventud... Pero todo me indica que el problema de la fatiga “industrial” se ha tornado en Suecia un problema nacional.


(...) “Dos sociólogos, Waldemar Korpi y Bengt Abrahamsson, que estudiaron los conflictos de trabajo en la industria metalúrgica de 1949 a 1967 contaron durante ese periodo 342 “acciones no oficiales”, esto es “acciones” conducidas por los trabajadores sin y contra la opinión de las direcciones sindicales. Estiman que es necesario duplicar ese número para obtener el número real de conflictos. “Las huelgas no oficiales – concluyen - tienden a aumentar. Casi la mitad de las mismas tienen por origen la cuantía de los salarios.”


Esto contradice las versiones que corren por Europa, según las cuales las relaciones de trabajo en Suecia serían ejemplares y los asalariados suecos no tendrían problemas...”


Hasta aquí, los trechos pertenecientes a El “socialismo” sueco.


Creo que cabe afirmar que tras el mito que se creo en torno a Suecia en aquellos años no había otra cosa que una serie de concesiones al proletariado (por supuesto temporales) de la burguesía sueca para aprovechar una coyuntura favorable (como dije antes, por su relativa ventaja frente a sus competidores en el mercado mundial) que no afectaban en absoluto su dominio de clase sino que, al contrario, lo favorecían. Olof Palme era el hombre ideal para ese momento.

 

Habría que pedir a Cayo Lara un estudio algo más depurado para tratar de Olof Palme y su tiempo. Las cualidades personales de una figura de ese calado en esa coyuntura poco cuentan. Alguien dijo que el infierno está empedrado de buenas intenciones.


Tengo a mano una recopilación de discursos de Olof Palme que, con el título de El modelo sueco fue publicado hace algunos años por el periódico “El Día de Aragón”, ya desaparecido.


Estos discursos, además de añadir nuevos aspectos a la personalidad de Palme, también ponen al descubierto las taras de origen de la socialdemocracia europea (y por extensión, de las que se expandieron por el mundo). Su origen, en el que insiste una y otra vez Palme, es el humanismo, el objetivo de que todos los seres humanos tengan igualdad de oportunidades para acceder a una vida digna. Quizás sea la dignidad la palabra más usada en la mayoría de sus discursos.


Pero no se trata del humanismo que Marx despliega en sus escritos de juventud, como los Manuscritos económicos y filosóficos, como punto de partida para investigar cuales son las razones por las que no existe esa igualdad. Se trata más bien del humanismo de origen cristiano, que se dirige a los sentimientos de todos. Baste decir que no cita nunca, ni de pasada, la cuestión de la propiedad de los medios de producción, fuente principal de la división de la sociedad entre ricos y pobres.


Aunque cite a cada paso el movimiento obrero, su discurso se dirige a todos. Veamos algunos párrafos:


En una sociedad que se destaca por sus indignantes diferencias de clases, donde el abismo entre los pobres y los ricos se hacía más amplio, allí los viejos socialistas con claridad meridiana expusieron y sostuvieron el principio de valorar a todos por igual, y presentaron su demanda de que este principio tenía que concretarse en una nivelación de las condiciones sociales y económicas.”


Es justamente en esta sociedad en la que el movimiento obrero surgió y planteó la exigencia de la dignidad de la persona humana, suscitando también la visión de la sociedad del bienestar y la seguridad”2


Entre todas las tareas que impone a la socialdemocracia, la primera que destaca en todos sus discursos es la “lucha por la igualdad”. Veamos:


(...) Pero no debemos nunca olvidar ciertas enseñanzas y experiencias. La primera de todas: la socialdemocracia ha podido obtener éxito porque ciertas ideas y valores simples y fundamentales han sido continuamente mantenidos en alto por el movimiento obrero, continuamente han sido el grito de batalla en sus esfuerzos por proporcionar a los hombres una vida más rica y más libre. En primer lugar “El socialismo trata de la igualdad”. Así escribió una vez un socialista inglés, G.D.H. Cole. En todas las épocas y en todas las sociedades se ha intentado dividir e introducir a las gentes en compartimientos y rediles, teniendo como medida para ello su cuna, la posición social o la riqueza”3.


Como dijo alguien, del dicho al hecho hay mucho trecho. Veamos lo que nos dice el citado escritor francés, Jacques Aranult de lo sucedido en el 24º Congreso del Partido:


¡Igualdad!” Dominando la tribuna del 24 Congreso, impresa en los estandartes rojos que se agitaban al frente de Konserthusen, reproducida en los carteles, en las insignias, en los documentos, la palabra impresionaba por su omnipresencia...C.H. Hermansson, presidente del Partido Comunista nos dice: “No es que algunas medidas adoptadas por el Congreso no sean buenas: reducir la semana legal de trabajo de 42,5 horas a 40; bajar la edad de jubilación de los 67 a los 65 años – y menos- para los que hacen trabajos pesados y peligrosos, prestar ayuda a Vietnam, a Cuba, a los movimientos de liberación africanos, etc. Medidas que nosotros habíamos propuesto desde hacía años y habían sido siempre rechazadas por la mayoría socialdemócrata. Pero este Congreso no encaró verdaderamente la manera de enfrentar el poder económico de los grandes grupos financieros suecos. (..)Ni siquiera la propuesta de algunos delegados al Congreso de nacionalizar la banca fue tomada en consideración. La desigualdad que los delegados fueron convidados a debatir no fue en ningún momento la desigualdad social fundamental que resulta del hecho de que un individuo – o grupo de individuos – disponiendo de una cantidad de dinero puede transformarlo en capital alquilando la fuerza de trabajo de otros y utilizándola hasta tornarla deshumana. De lo que se trató fue, esencialmente de desigualdad entre salarios que se observa todavía entre las empresas y las regiones, para una misma cualificación e idéntico trabajo y de las desigualdades del estatuto entre trabajadores manuales y empleados de oficina. Esta nivelación realizaría la “democracia económica.”


Sigue Arnault: “Se puede observar que la igualdad vista desde ese ángulo, deja a la patronal fuera de la jugada, sea en el plano teórico, sea en el práctico. Esas medidas conducen a los asalariados a enfrentarse entre si – bajo la mirada del patrón – por el reparto de una masa salarial que permanece inmutable.”4


En suma, la montaña que tembló, rugió y se abrió... para parir el ratón..


Otra característica importante de sus discursos es la defensa a ultranza de la democracia, sin cualquier consideración hacia el significado que ha ido tomando ese concepto en el devenir de la Historia. No hay para él otra democracia que la que tuvo que aceptar5 la burguesía después de hacer su revolución. Tomo un ejemplo:


El brutal desprecio de la persona humana que es el fascismo ha tenido sus partidarios también en nuestro país. Han florecido y se han marchitado sectas revolucionarias. Pero el pueblo sueco ha defendido inquebrantablemente la democracia. El paciente trabajo del reformismo ha continuado. Y nosotros sabemos que la democracia es el único sistema social en el que los asalariados pueden hacer valer sus intereses y sus ideas.”6


No creo que haga falta detenerse más en este tema. Una coyuntura pasajera, como no podía ser de otro modo bajo la férula del capitalismo. Al día de hoy se puede afirmar que, al contrario de lo que vaticinaba Olof Palme, la avaricia más desenfrenada tomo el timón de la nave. Que esto era lo más probable que sucediera lo dejó bien claro Marx en su disección del capitalismo. Pero Palme nunca quiso saber nada con él.


En resumidas cuentas, Cayo Lara no hace más que participar en aquella fascinación que corrió en los años 60 a 70 por la figura de Olof Palme y en general, del “socialismo sueco”. Fascinación que algunos espabilados instrumentaron en beneficio propio, colocándose en la onda sin molestarse en investigar nada.


Para ejemplo, ahí tenemos a Felipe González, diciendo en una entrevista incluida en el libro Los partidos marxistas. Sus dirigentes/sus programas publicada en Anagrama, Barcelona 1977, edición a cargo de Fernando Ruiz y Joaquín Romero. El libro tuvo relevancia en la época.


A la pregunta: ¿Cuál es el régimen socialista más progresista que existe en nuestros días? ¿Por qué?


González responde: “Yo creo que el "más" -y es una experiencia que ahora mismo está en crisis- podría ser el sueco, fundamentalmente porque se acerca a unos principios igualitarios que se inspiran en el socialismo no porque transforme el modo de producción -que sería uno de los factores definitorios básicos-, sino por su capacidad de respeto a la libertad dentro de un progreso hacia una sociedad más igualitaria. No se ha transformado el modo de producción, no ha cambiado de mano la propiedad de los medios de producción, pero sin embargo se han creado los suficientes controles sobre el conjunto de la economía de la sociedad como para hacer de la sociedad sueca una sociedad igualitaria. El socialismo soviético es un socialismo que elimina las libertades y elimina el protagonismo del pueblo; por consiguiente es un socialismo que transforma el modo de producción, pero que no realiza el socialismo desde el punto de vista humano, desde el punto de vista social. El socialismo sueco, que realiza más esa dimensión social, sin embargo no transforma el modo de producción; no elimina el medio de producción de las manos capitalistas. Por lo tanto, no creo que haya modelo; pero si tuviera que optar por alguno, prefiero el que respeta la libertad."


Estos párrafos corresponden a las páginas 120 y 121,


Sobre mi conocimiento directo de Felipe González, ver el episodio nº 10 de mis memorias, publicadas en Laberinto bajo el nombre “Lecciones de la vida”. En una conferencia que dio en Frankfurt con la presencia de altos jerarcas del Partido Socialdemócrata Alemán, no tuvo empacho en insistir en que el PSOE no es un Partido socialdemócrata, sino un Partido socialista. Sabía el terreno que pisaba, la importancia que había adquirido el PCE debido a su lucha en el interior frente al franquismo deterioraba la socialdemocracia, ya de capa caída en aquellos años e irrelevante en el panorama político español en aquel momento. Y, como denuncia Alfredo Grimaldos en La CIA en España (Editorial Debate, 2006) la tomada del PSOE en Suresnes por los jóvenes sevillanos fue un montaje preparado para combatir el comunismo en España, crecido también por la “Revolución de los claveles” en Portugal. Mi experiencia personal coincide fielmente con el personaje que nos perfila Grimaldos.


En suma: Cayo Lara olvida que son las circunstancias las que crean al líder, y no al revés. Hoy, cuando el poder, incluso político, ha pasado de las manos de gobiernos y Parlamentos a las de un puñado de especuladores, Palme sería en un partido socialdemócrata un militante de base, al que sólo escucharían unos pocos adeptos, como la etérea “Izquierda Socialista” dentro del PSOE. Es tal la variedad de tipos humanos, que la burguesía siempre ha encontrado hasta ahora el hombre adecuado, incluso en las situaciones más complicadas y peligrosas. No fue sólo Olof Palme o Felipe González, ahí tenemos las figuras de Friedrich Ebert, de Adolfo Suárez, de Ernesto Kirchner o de Mario Soares para demostrarlo. Donde no funcionan los caramelos ocupan su lugar las pistolas.


 

Terminado el 18 de agosto de 2010

1 Mi padre me contaba cómo lloraban los soldados del Cuartel de la Montaña, cuando fue tomado por las tropas de la República, algunos creyendo a pies juntillas que los comunistas tenían cuernos y rabo y los iban a quemar vivos.

2 Discurso en la Federación de Juventudes socialistas de Suecia el 12 de mayo de 1974.

3 Del mismo discurso.

4 Arnaut. Obra citada

5 Costó muchos años de lucha conseguir el sufragio universal, la participación de la mujer, etc.

6 Discurso pronunciado en Skansen el 12 de agosto de 1973 con motivo del 75 aniversario de la Confederación General de Trabajadores de Suecia.