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Jornadas de debate: Poder y medios de comunicación realizado el día 19 de abril de 2007 en Almería

La asociación estudiantil Participación Universitaria Almeriense (PUA) contactó con Laberinto para participar en unas jornadas de debate organizadas por ellos mismos. De ellos partía el título de la conferencia: Medios de Comunicación y Poder. Y, desde Laberinto, ante un tema tan manido entre los movimientos antagónicos y altermundistas, quisimos aportar nuestro granito de arena para escapar del espacio cerrado en el que, a menudo, nos metemos la propia izquierda, nuestro propio "ghetto" ideológico en el que estancamos nuestros análisis. Como siempre, buscando revitalizar el debate con nueva madera que quemar.

Lo primero agradecer a la asociación estudiantil PUA la invitación a estas jornadas a la Revista Economía, Política y Filosofía en el Laberinto.

Desde luego, habéis situado la cuestión de forma adecuada en el título que nos proponéis: medios de comunicación y poder. Desde luego, para hablar de medios de comunicación tenemos que hablar del poder. Y hablar del poder es hablar del Estado. Y hablar del Estado es hablar de la insurrección. Veamos.

A la hora de abordar la cuestión de los Medios de Comunicación, siempre apuntamos a la cuestión de la Verdad. O principalmente, de las mentiras.

Los medios nos mienten. Sabemos que nos mienten, y eso nos irrita, nos enfurece, porque nosotros sí conocemos la Verdad, o eso decimos.

Hablar de Verdad hoy, es hablar de posmodernidad, del abismo que se abre entre significado y significante. De universalidad.

Si yo escribiera en una pizarra “NICHO ECOLÓGICO”, algunos de vosotros podríais decirme lo que significa, probablemente otros no encontréis que conexión puede haber entre “nicho”, que asociáis con enterramiento, con lo “ecológico”. Sólo algunos podrían definirlo, pero, eso sí, esos pocos me darían una definición de diccionario, de manual. Sin embargo, si yo escribiera “HOLA”, todos sabríais decirme qué os estoy diciendo, y probablemente, no lo diríais, sino que lo representaríais: a mi pregunta sobre qué significa “hola”, moveríais la mano y diríais: es un saludo. Sin embargo, si yo simplemente hago un trazo, un garabato... y si ese garabato representa el logotipo de la marca NIKE, todos sabríais de lo que os estoy hablando, pero ninguno sabríais qué demonios es eso realmente. ¿Sí?

Probablemente estamos familiarizados con la expresión posfordismo, o exteriorización de la producción, o toyotismo, ... en definitiva, con la organización de la producción actual, que se basa en la subcontratación. Lo que tradicionalmente hemos entendido como fábrica, un lugar de producción, ha quedado desligado de su representación comercial, de su marca.

¿Podemos hablar hoy de la Verdad sin tener en cuenta estos hechos? Y, más aún, ¿estamos simplemente ante eso, ante hechos, o son trampas en las que caemos, espacios cerrados de los que somos incapaces de salir, de los que somos incapaces de sacar nuestros planteamientos?

Bien, quisiera seguir planteando esta cuestión. La cuestión de: detrás de esto (de esta marca, de éste símbolo, de este...) no hay NADA.

Cambiemos el contexto. Vayamos a un contexto diferente, a otro escenario. Vayamos a una trinchera en la I Guerra Mundial. El humo y la niebla impiden ver la trinchera que hay enfrente, así que se dispara contra un muro de invisibilidad. Cuando el enemigo pretende asaltar la trinchera propia y atraviesa la muralla de humo, disparas viéndole el rostro, distinguiéndolo; pero entonces estás luchando por tu vida. Cuando no es así, cuando no puedes ver nada, cuando disparas sin una razón aparente, luchas por tu Patria.

Patria es un significante vacío. Igual que NIKE hoy. ¿Qué es mi Patria? Detrás del significante Patria no hay nada. Y, desde luego, hemos de decir una cosa, hay quien puede pegarte un tiro para quitarte tus NIKE, aunque no sólo eso.

Pues bien, en este contexto, en el que incluso las organizaciones obreras oficiales optaban por apoyar uno u otro de los significantes vacíos que te mandaban a morir y a matar, apareció el movimiento de quienes gritaron: ¡¡¡No disparen!!! ¡¡Hay hombres al otro lado!!

Al otro lado de la niebla y los gases, hay hombres. Frente al “detrás de esto no hay nada”, del significante vacío, se gritaba: “detrás de esto, hay hombres”. No es casual que desenvolvimiento así, colapsando las estructuras vacías de significantes como Patria, fuera fundamental en procesos como la Revolución Rusa. Lo desarrollaremos un poco más adelante, pero digamos por ahora: la voz de los amos siempre se traduce a través de significantes vacíos.

Hagamos otra pequeña digresión. Internet. Hoy tenemos a organizaciones de padres preocupadas por qué ven sus hijos. Existen programas que filtran el contenido. Internet es algo que se percibe como peligroso. Pero no sólo por lo que los niños puedan recibir, sino también desconcierta a los padres lo que, directamente, los niños puedan hacer. O más aún, por quién se puedan hacer pasar. La cuestión de los chat. Existen estadísticas, no en nuestro país al parecer pero sí en otros como Reino Unido (http://www.unav.es/fcom/noticias/2006/11/09cicom04.htm) de cómo los chicos se citan con desconocidos. Nos aterra la personalidad que nuestro chico pueda asumir en la red. Sin embargo, este no es, para nada, un fenómeno nuevo. ¿Qué hay de la personalidad que asumió el padre cuando tuvo su entrevista de trabajo, o cuando discutió con el vecino, o cuando ligó por última vez? Asumir personalidades, jugar a teatritos, no es nada nuevo. Sin embargo, Internet sí nos trae algo diferente, algo que cuadra perfectamente con este mundo de significantes vacíos del que pretendíamos hablar:

La no-consecuencia.

Veamos. Si yo llego aquí y grito que soy Hitler, pues bien, eso tendrá consecuencias. Probablemente traten de darme algún medicamento... y si insisto... en una conferencia como ésta, con estudiantes universitarios de izquierda, pues hasta me gano una paliza. Pero en Internet, yo puedo decir cuantas veces quiera: soy Hitler, y eso jamás tendrá consecuencias. Es más, tendrá las mismas consecuencias que si, efectivamente, yo fuera el propio Hitler; esto es, ninguna. La clave de Internet es el aspa de la esquina superior izquierda de la pantalla, que nos permite cerrar la ventana, que nos permite desconectar. Nos permite escapar de toda consecuencia, de toda vinculación con lo real.

Esto es fundamental en nuestro mundo. Las no-consecuencias. La utopía de las consecuencias. En efecto, las consecuencias están colocadas en un no-topos, un no-lugar. La cuestión de la pornografía, el acceso que permite Internet a cantidades enormes de material pornográfico, ¿no está marcado precisamente por el hecho de que la pornografía es un “sexo sin sexo”, es decir, la representación literal del sexo, lo más fidedigna posible, pero sin que sea realmente sexo, sin que el sexo llegue a ocurrir? La pornografía podría leerse como sexo sin consecuencias.

Viniendo para acá me han llamado mucho la atención los grandes carteles de propaganda electoral. Son enormes, mucho mayores que en Granada, de donde vengo. Tan, tan grandes, que es casi imposible que pase desapercibido el hecho de que no dicen absolutamente nada. No hay nada detrás de ellos. Podríamos intercambiar los cabezones, las caras que aparecen, y las frases. No dicen absolutamente nada.

Podemos mirar nuestras manifestaciones. Tomemos el ejemplo que poníamos de la I Guerra Mundial, que, decíamos, estaba vinculado con el acontecimiento de la Revolución de Octubre. Hoy, hay gente que quiere repetir ese acontecimiento. No voy a hacer referencia a quienes no desean ese acontecimiento y estarían dispuestos a combatirlo, sino a quienes salen a la calle, que de por sí son pocos, con la intención de reclamar ese acontecimiento. Bien, enormes cabezones también, de un señor calvo y enfadado. Si preguntas, te aclaran: “es Lenin”. Cuando salimos hoy a la calle a reclamar el acontecimiento: Octubre, deberíamos tener más cuidado de no ir reclamando el acontecimiento: “señor calvito al que no le va bien en el baño”.

Un gran problema que tenemos con los significantes vacíos es que se heredan más fácilmente. Es el caso de la III Internacional y cómo nos dejó el significante “Lenin” como significante absolutamente vacío. Este hecho está siendo estudiado en nuestra revista, especialmente por el miembro de nuestro consejo de redacción Carlos Enríquez. Y el otro gran problema es que, efectivamente, esto no afecta sólo a la fachada del Capital. No es sólo algo que utilice el Capital en su publicidad. Sino que estamos hablando de la forma que toman las relaciones sociales en nuestro mundo posfordista y posmoderno. Es decir, nos toca decisivamente a todos.

Podemos decir que es un aspecto comunicacional, sí. Bueno, por mi parte no creo que pueda tratarse este “aspecto” sin tener en cuenta cómo condiciona (y construye) la lucha y la vida de todos nosotros hoy día.

Y, finalmente, querría volver a donde comenzamos. La Verdad.

Cuando afrontamos lo que pretendemos una “comunicación alternativa”, lo hacemos desde una también pretendida relación privilegiada con la Verdad. Tanto es así, que a menudo nos parece algo cómico, irrisorio, la forma en que tratan las noticias los medios mayoritarios. El compañero Pascual Serrano de Rebelión, mensualmente, recoge unas cuantas “lindezas” en lo que llama las Perlas Informativas. Y, realmente es algo humorístico. Nos hace gracia cómo cuentan las manifestaciones en las que estuvimos, cómo hablan de las guerras o de determinados dirigentes. Nos hace gracia, podemos ironizar con ello porque nosotros pretendemos una relación privilegiada con la Verdad, y esa posición de privilegio nos hace decir: yo sí sé qué pasaba.

Y ¿qué pasaba? Pasamos a contarlo. Pasamos a la narración de nuestra realidad, nuestra novelita de víctimas que padecen este sistema injusto. Aspiramos a que, en este gigantesco maremágnum de informaciones, aparezca también nuestra visión, nuestro punto de vista. El lema: contra el “pensamiento único”, lo deja bien claro. Contra el “pensamiento único”, entiendo que contraponemos el “pensamiento variado”, o “múltiple”, o algo así. Un huequecito también para nosotros. Y lo buscamos y lo encontramos, ¿no es así? La dictadura del papel impreso, con sus enormes limitaciones de producción y distribución, se ha roto. Ahora cualquiera puede colgarlo todo de Internet, y permitir un acceso mundial.

Apostamos nuestros esfuerzos a participar del gigantesco mercadeo de significantes, de la multidiversidad posmoderna. Ahí, justo ahí, queremos colocar nuestra Verdad. Para que pueda ser consultada por millones y millones de usuarios, que navegan por la superficie de este océano. Nuestro granito de arena para este universo virtual vivido como la realidad misma, pero que no es ya Internet sino que está claramente socializado como nueva forma de totalitarismo absoluto.

¿Qué totalitarismo?, ¿de qué totalitarismo habla este idiota?, ¿no estábamos en que precisamente hemos tenido la oportunidad de dar pruebas de nuestra Verdad?, me diréis. Pues sí, efectivamente, todo se puede decir en la “aldea global”, todo es admisible. Por primera vez, podemos acceder a las más brillantes críticas al sistema que puedan concebirse; pero, con una única condición: nada de consecuencias.

Este es el totalitarismo actual. Una forma de dominio que no ha conocido comparación posible en ninguna otra época, pues se basa precisamente en que todo, absolutamente todo, puede decirse. De tal forma que, insertos en este esquema ideológico, ni siquiera se nos ocurre “cómo demonios hacer, cómo demonios hacer algo”.

Todo esto que os presento no tiene otro sentido que el de proponer una discusión, acercarnos a cómo el esquema comunicativo contemporáneo no puede entenderse en toda su magnitud, y desde su raíz, si no atendemos a la forma en la que establecemos nuestras relaciones sociales y cómo los medios de comunicación no son el reflejo de estas relaciones, sino el mecanismo a través del cual las ponemos en práctica. Para entender esta forma terrible de dominio que nos condena a la inacción, hemos de mirar más allá de cómo las formas de dominio tradicionales se han establecido, esto es, dominando sobre “qué hacemos”. Ahora, la clave está en “cómo lo hacemos”, ya que precisamente este “cómo” determina decisivamente hasta dónde podemos llevar nuestros actos. Y éste límite está precisamente ahí, en “pasar al acto”; esto es lo que queda obstruido.

Pues bien, precisamente porque “todas” las puertas quedan cerradas, precisamente porque no es posible ninguna transformación de la globalidad del sistema integrándose en su esquema comunicativo de la narración particular, precisamente por eso, la única puerta que queda es la de “pasar al acto”, la de la insurrección. La capacidad del sistema económico, cultural y político de articular en su seno tanto lo oficial como lo alternativo nunca puede ser una llamada al inmovilismo, al “nada puede hacerse”, sino todo lo contrario. Hay que exigir una llamada, hemos de exigirnos “hacer lo único que puede hacerse”, esto es, confrontar descaradamente con la imposición de ese “cómo” totalitario. Para empezar, gritar: lo que hay al otro lado, son hombres. Unir significado y significante, hacerlos colisionar y que salten chispas o salpique mierda.

Entiendo que la revista Laberinto tiene esto muy claro, y desde hace un tiempo tiene entre sus objetivos principales la creación de los Círculos de Laberinto. Precisamente, unos lugares donde poder pasar al acto, donde poder debatir y crear. Lugares para la producción de un “cómo” que no pase por los canales que nos marca este totalitarismo del que llevamos hablando ya un rato.