Revista Laberinto

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Home Números publicados laberinto 23 Un pie dentro, otro fuera

Un pie dentro, otro fuera

La mayor parte de nosotros entró en la esfera de la salud pública por una mezcla de razones: la urgencia por paliar el sufrimiento del mundo y una inquietud intelectual por los problemas científicos de las enfermedades infecciosas y crónicas, la pobreza y la desigualdad, la organización de los servicios de salud. Somos profesionales. Pero a diferencia de otros profesionales no podemos mantener una neutralidad distanciada con la enfermedad (a favor o en contra), a favor o en contra del hambre, a favor o en contra del racismo y el sexismo. Somos profesionales comprometidos y en ese sentido también activistas en instituciones que profesan una neutralidad formal con relación a muchas de las cuestiones clave que afectan a la salud.

    Somos también trabajadores. Se nos paga para crear y aplicar conocimiento dentro de las limitaciones impuestas por nuestros patronos. Pero somos un tipo especial de trabajador, por el hecho de que nuestro trabajo no se nos enajena completamente: estamos realmente implicados en el producto de nuestro trabajo, en sus efectos en el mundo, a diferencia de los empleados en una fábrica de municiones que no buscan ese trabajo por el gozo de ayudar a matar gente. Como trabajadores, nuestra mayor preocupación es mantener nuestros trabajos y recibir una compensación y beneficios razonables. Pero como intelectuales queremos que nuestro trabajo tenga sentido y sea efectivo. Nos sentimos terriblemente frustrados cuando nos faltan los recursos para hacer lo que obviamente necesita ser hecho, cuando el tamaño de la clase o el número de pacientes que hay que cuidar garantiza que no podemos hacer aquello por lo que entramos en la profesión y cuando nuestras mejores ideas no obtienen los fondos necesarios o no pueden ni mencionarse, cuando nuestra militancia es condenada como contraria a la ética profesional, cuando nuestras tareas son obstaculizadas por teorías equivocadas o cerradas, cuando contribuimos a profundizar en el estudio del problema pero ellos terminan por hacer recomendaciones banales: «Deberíamos prestar más atención a cuestiones de equidad», o el casi inevitable: «Hay que investigar más».