Revista Laberinto

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Home Números publicados laberinto 17 El ciclo de Hipermuriel

El ciclo de Hipermuriel

EL CICLO DE HIPERMURIEL

 

· LA CAJERA MURIEL

 

· LA CARNICERA MURIEL

 

· LA REPONEDORA MURIEL

 

· LA CHARCUTERA MURIEL

 

· LA ENCARGADA MURIEL

 

· LA PESCADERA MURIEL

 

· LA PANADERA MURIEL


 


 

LA CAJERA MURIEL

 

estoy pensando en la cajera sedente

ella es lo verdadero de la sincronía del mundo

con su rayo láser ávido de códigos

me murmura complacida las ofertas

y cómo suma los dígitos arrastrando

entre lo dócil y el hastío

el tesoro precioso de mi dulce integral

a través de la máquina que le computa

el precio exacto de toda mi tarde

dice tres

y nunca nunca fue este número más mágico

la cajera extraordinaria teclea el sumatorio

de la monotonía y dice tres

y mira entonces justo antes de que se produzca

el cotidiano milagro de que mi dulce integral

sea mío para siempre

de repente ella mira otra tarde

sale de lo mío a lo del otro

le susurra las mismas ofertas

le marca el tetrabrik con el ojo de su láser

abriendo en fin el cajón místico del hiper

con un movimiento suyo de mercado

los billetes ordenados repiten la cara de ella sin gestos

y me voy por esas puertas

que se abren sólo con el aura

dejándola mientras su láser que suena

va marcando otra tarde.


LA REPONEDORA MURIEL

sólo tú haces de un día vacío todo el día

eres el demiurgo sencillo de un universo diminuto

arrastrando en el círculo sexto sección láctea

todo el palé de la tristeza

repones el ansia con el ansia

y el tiempo con el tiempo

sólo tú tienes la contradicción misma

de los dioses

te vanaglorias de un orden

que será siempre destrozado

y al levantarte con el cuerpo tan antiguo

miras los pasillos inexactos

sección deseo llena de realidad

sección verdad llena de historia

a una simple voz tuya todas las bandejas dicen carne

los mostradores revelan la verdad subconsciente de sus 10 grados

se alinean las hileras

surgen anaqueles rebosantes de todo lo que pueda desearse

sólo tú tienes como todas las mañanas

tres horas justas para crear un día.


LA CARNICERA MURIEL

 

entre las vísceras y los tendones de la carne

me rompes la cadena del frío

me aplicas a los ojos hinchados

la sanación de tu ternera de primera

respiro sólo si me dejas

con las costillas puestas en tu bandeja terrible

haces de mis entrañas la más fina casquería

y buscarte

buscarte

entre las piezas retiradas del mercado

en ese contenedor de recortes y de restos

que conforman tu yo hecho pedazos

pero en el que adivino exquisito

el cadáver de tus ojos

la línea desigual de tu cuchillo

y el golpe seco de un tórax recién abierto


LA CHARCUTERA MURIEL

 

 

yo te cedí mi ansia vital

pero tú la pasaste por el cortador en el que los clientes

quieren el pavo muy fino

no hubo gesto ni palabras

sé que sabes detectar la muerte

porque eres experta en el fiambre

experta en desnudar la pieza hasta el final

para luego seccionarla

eso mismo hiciste con tus manos fragmentadas

las líneas de la vida como tiras de salami

hacia ninguna parte

nunca un queso fue tan blanco

ni una pieza fue tan digna

como cuando la pesabas tú

en tu balanza egipcia hacia el más allá

sabías el peso exacto de las cosas

con tan sólo mirarlas

pero justo cuando el turno se hizo mi número

tu hora ya había llegado

no miraste

pero mi corazón embutido ya estaba en el vaso

donde te dejaste el alma.


LA ENCARGADA MURIEL

 

con el gesto decidido pones cara de importancia

sabes que eres un atlas con un mundo hecho de equívocos

tu trabajo es contentar a los que compran

cambiar los precios hacerte oferta

en la punta de la pirámide de tu sistema

tan templo palacial eres la sacerdotisa

adivinas qué se esconde tras los dioses

con tu nombre destellándote en el pecho

alguien te llama en off desde la altura

voz impersonal que sólo tienen

las encargadas tristes de la megafonía

tu cara se adivina religiosa

llegas al departamento nivel alto

a la capilla sixtina del consumo

el dios acerca su índice euríbor

a tu índice machacado por todos los trabajos del mundo

te toca con su verdad y los precios tiemblan

el suavizante marca tan blanca

sube cincuenta

 

tu pistola que dispara los precios se carga de nuevo

 

con una tinta más nueva que nunca

 

sobre el pecho indefenso de las botellas.


LA PESCADERA MURIEL

 

vives del hielo para conservar lo que muere fácilmente

en tus manos se deshacen las espinas dorsales del mundo

me sacaste del océano

capté el anzuelo de la muerte

comí el gusano que me diste

en el cubo en el que iba sedal al cuello

tan invertebrada por tu mano

otros gemían en estertores finales

golpeaban con todas las aletas

pensaban en sangre sólo en sangre

nos pusieron en el hielo mostrando abiertamente

el espectáculo subacuático del desastre

pasamos a ser ya muertos los tan perecederos

y con esa misma mano que cortó la cabeza

y que arrastró nuestra espina tan frágil

ofrecías gentilmente la terrible mercancía

porque la muerte reciente es para ti

garantía de la máxima frescura.


LA PANADERA MURIEL

 

sólo discutimos el precio de la barra

-una baguette es como el alma- dijiste

se despedaza por la mitad con sólo mirarla

por eso siempre es mejor integral

-¿el alma?- dije yo

-la baguette- dijo ella

su cara llevaba toda la temperatura del horno

el delantal reflectaba el blanco todavía no inventado

en ninguna cosa blanca

a la temperatura justa en la que se hacen las palmeras

yo ya pedía los trozos que ella dejaba

para internar en su bosque a todos mis pulgarcitos

pero cuando llegaba a la casa de lo eternamente dulce

chilló el horno sus trescientos grados

de repente

yo era un cruasán recién nacido

levantado sólo por su propia levadura

tranquilamente me tapé de azúcar glaseada

 

y olvidé que un día para hacerme

 

me pusiste en bandeja

 

los trescientos grados de tu tristeza.