Revista Laberinto

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Imperialismo versus Imperio

Imperio es un libro extraño. En el momento en que EE.UU. es la única superpotencia, cuando casi un 50 por ciento de las 500 mayores empresas multinacionales están domiciliadas y son de propiedad estadounidense, y cuando Washington está liderando una guerra de intervención contra Afganistán (después de anteriores guerras intervencionistas en los Balcanes, América Cen­tral (Panamá), el Caribe (Granada) y guerras por delegación en Colombia (Plan Colombia) y antes en Angola, Mozambique, Nicaragua, los autores de este libro tan elogiado nos dicen que el imperialismo es algo que pertenece al pasado. Argumentan que el "Imperio" es un fenómeno pos-imperialista en el que el poder se dispersa y ninguna nación sola puede controlar el "imperio". Además argumentan que el "imperio" es un avance positivo en la historia del mundo. "La cosa [sic] que llamamos Imperio es en realidad una enorme mejora histórica respecto al sistema y al imperialismo internacionales." Después de 413 páginas de texto y 57 de notas, lo mejor que saben hacer los autores es decirnos que "en este espacio liso (?) del Imperio no hay ningún sitio concreto de poder -está en todas partes y en ninguna. El Imperio es una OU-Topia o realmente un no-lugar (p.190). Sin una noción clara de los agentes del "imperio" ni de su dinámica en los estados imperiales y corporaciones realmente existentes, nos dicen que el Imperio es imperial pero no imperialista, que la Constitución de EE.UU. es imperial y no imperialista. De esto deducen (y nosotros aprendemos) que la Constitución de EE.UU. es imperial porque (en contraste con el proyecto del imperialismo de expandir constantemente en forma lineal su poder en espacios cerrados e invadir, destruir, y subsumir a los países sometidos bajo su soberanía) "el proyecto constitucional de EE.UU. está construido sobre el modelo de rearticular un espacio abierto y de reinventar incesantemente diversas y singulares redes a través de un terreno sin límites. La idea contemporánea de Imperio nace a través de la expansión global del proyecto constitucional interno de EE.UU." (p.182). En otras palabras, esta celebración del Imperio, es también una celebración del constitucionalismo de EE.UU. (de la idea para ser exactos), la cual es un modelo para "democratizar" el Imperio. El estudio prescinde de las clases y de los conflictos de clase como si estuvieran pasados de moda y fueran imprecisos, y los sustituye por la noción de "multitudes biopolíticas de producción" -un término que nunca es definido claramente y que no tiene ninguna especificidad histórica o empírica. Aparte de "multitudes", no hay entidades u órganos designados para la anunciada pero no especificada "revolución". El programa de esta novedosa revolución no es muy diferente del adoptado por los socialdemócratas del estado de bienestar.

Se ha escrito mucho sobre el "alcance del libro, su grandeza teórica". Frederic Jameson, colega de Hardt en la Universidad de Duke, lo llama "la primera nueva gran síntesis teórica del nuevo milenio".[2] Dejando a un lado la hipérbole, pocos de los críticos literarios han comentado la falta de evidencia histórica y empírica en que basan sus innumerables e insustanciales aseveraciones. Los autores argumentan desde el comienzo que los orígenes intelectuales de la revolución estadounidense pueden en-contrarse en Spinoza y Maquiavelo. Rousseau y Locke son rápidamente despachados, a pesar de su mayor relevancia inmediata. Discusiones extensas y tendenciosas de la soberanía están entremezcladas con aseveraciones reduccionistas que colapsan u omiten numerosas diferencias. Por ejemplo, en su discusión del totalitarismo y de la nación-estado, argumentan: "Si la Alemania nazi es el tipo ideal de la transformación de la soberanía moderna en soberanía nacional y de la articulación en su forma capitalista, la Rusia estalinista es el tipo ideal de la transmisión del interés popular y la lógica cruel que lleva a un proyecto de modernización nacional que moviliza para sus propios propósitos las fuerzas productivas que ansían liberarse del capitalismo" (p.110). He citado ampliamente para ilustrar la naturaleza confusa, ilógica, anti-histórica de las extensas y vacías generalizaciones de los autores. ¿Qué base empírica o histórica existe para pretender que la Alemania nazi es el "tipo ideal"? La soberanía nacional existía antes de los nazis y continuó después de su desaparición en escenarios no-totalitarios. Si la Rusia de Stalin encarnaba "el interés popular", ¿por qué iba alguien a buscar liberarse de ella? "Lógica cruel" de los "intereses populares" son cuentos del antiguo régimen -difícilmente una base para orientar a las "multitudes" que, según los autores describen, son las nuevas entidades para democratizar el mundo.