Revista Laberinto

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Home Números publicados laberinto 8 Mancur Olson: Poder y prosperidad. La superación de las dictaduras comunistas y capitalistas

Mancur Olson: Poder y prosperidad. La superación de las dictaduras comunistas y capitalistas

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Al comienzo de su ensayo sobre Tolstoi, Isaiah Berlín estableció la célebre distinción  entre dos cla­ses de actitudes intelectuales y vitales: la del zorro y la del erizo. La primera corresponde a quienes persiguen muchas ideas, diferentes, variadas e incluso contradictorias, mientras que la segunda es la de aquellos que se entregan a una idea, un principio unificador en función del cual su obra cobra significación y coherencia. Mancur Olson (1932–1998) ha sido uno de los grandes erizos de las ciencias sociales y de la economía y la idea que persiguió incansablemente en sus consecuencias lógicas y aplicaciones prácticas es la que se refiere a las dificultades de los seres humanos para emprender acciones colectivas.

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El planteamiento central de esta idea aparece expuesto en su primer libro, La lógica de la Acción Colectiva. Bienes Públicos y la Teoría de Grupos, publicado en 1965 y consiste en la deducción de que, contrariamente a lo que suponían las ciencias sociales, los individuos racionales y egoístas no ac­tuarán voluntariamente para alcanzar un bien que satisfaga algún tipo de interés común o de grupo, aunque todos saldrían ganando si lo hicieran. Ello se debe a que el bien que corresponde al interés colectivo tiene las características de un bien público: una vez obtenido ninguno de los miembros del grupo puede ser excluido de un disfrute aunque no haya contribuido al esfuerzo de lograrlo. Un arancel, una exención fiscal o una determinada regulación sobre el consumo beneficiarán a todos los miembros de una industria o colectivo de contribuyentes o de consumidores con independencia de su aportación al objetivo común. En consecuencia será difícil que aparezcan incentivos por los que un individuo racional y egoísta actúe en beneficio del grupo.

Existe, sin embargo, una notable diferencia entre los grupos grandes y los pequeños. En los primeros, un individuo sólo se beneficiará de una parte mínima del bien colectivo y su actuación ten­drá una influencia prácticamente despreciable sobre la provisión de ese bien. Por lo tanto los individuos no actuarán en beneficio del grupo y sólo la coer­ción o la existencia  de “incentivos selectivos” darán lugar a la provisión de un bien de estas características a un grupo grande. Por “incentivos selectivos” entiende Olson la obtención de algún bien o ventaja de carácter privado vinculado a la actuación en beneficio del grupo.

En los grupos pequeños la situación es diferente. La parte del bien colectivo que disfruta cada miembro del grupo es significativa y la actuación de uno puede afectar al nivel de provisión. Además, todo el grupo conoce la posición del resto de los miembros. En estas condiciones, existirán incentivos para la actuación. Por un lado, algunos individuos podrán proporcionar algo de ese bien en función de sus propios costes y beneficios. Por otro, el tamaño del grupo permite la negociación entre sus miembros aunque ello implicará costes y retrasos en la obtención del bien colectivo. Además, las interacciones en el grupo pueden crear incentivos de carácter social como la lealtad o la reputación.