Revista Laberinto

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Propuestas para el debate de la crisis argentina

Luego de la reunión realizada el 9 de enero pasado en Económicas, quedó planteada la necesidad de trabajar en la formulación de propuestas alternativas frente a la crisis. Con el siguiente documento pretendemos abrir el debate, subrayando que nuestras iniciativas se rigen por el principio de que el peso del extraordinario desastre desatado debe recaer enteramente sobre los capitalistas que fundieron al país y no sobre los trabajadores, los desocupados, los profesionales y los pequeños productores, comerciantes y ahorristas.

La crisis supera ampliamente las precedentes de 1975, 1981 o 1989 por la gran intensificación de la pobreza, el desmantelamiento industrial y la desintegración regional. Por otra parte, la depresión que atravesamos no es un resultado exclusivo de la "convertibilidad", el "modelo" o la "apertura" sino que expresa el efecto combinado de las convulsiones periódicas del capitalismo, de su inserción periférica y de la política neoliberal de la última década.

Nuestra iniciativa se hace eco de la revuelta popular que tumbó al gobierno hambreador y que continúa a través de las protestas y cacerolazos cotidianos. Participamos activamente en la movilización popular y rechazamos el régimen político actual, que se basa en el gobierno por decreto al servicio de la clase dominante, en la delegación legislativa de poderes a los ejecutores del ajuste y en el mantenimiento de los jueces que garantizan impunidad a los saqueadores del tesoro nacional. Apoyamos las manifestaciones que golpean las puertas de los bancos y de las empresas privatizadas y alentamos la discusión de soluciones a la actual catástrofe social en las asambleas populares que surgen en distintos barrios y localidades. Nuestro punto de partida es la oposición total a las medidas que está implementando el gobierno ilegítimo que surgió de un contubernio en la Asamblea Legislativa.

Las siguientes caracterizaciones delinean la orientación de nuestras propuestas y constituyen una primera aproximación al programa que buscamos propiciar. Somos conscientes que estas metas sólo podrán ser implementadas a través de una decidida profundización del proceso abierto en diciembre último. Además, creemos que las movilizaciones deben apuntar claramente a cambiar la dirección de las expropiaciones descargadas contra el bolsillo popular y hacerlas recaer sobre los capitalistas. Esta perspectiva debe orientar las luchas por el aumento de los salarios, el seguro de desempleo y la devolución de los depósitos que se quieren confiscar. Pero, al mismo tiempo afirmamos que la solución de las aspiraciones del conjunto de la sociedad sólo podrá ser alcanzada en el contexto de una transformación socialista.

1) La devaluación fue dispuesta para perpetrar una nueva transferencia regresiva de los ingresos a favor de la clase dominante y su efecto se traducirá en el encarecimiento de los alimentos, los remedios y los bienes de consumo básicos. Si la cotización del dólar libre continúa disparándose comenzará una escalada inflacionaria que provocará mayores sufrimientos al pueblo. El panorama es ya aterrador, porque los 14 millones de pobres con ingresos familiares inferiores a 460 pesos mensuales incluyen 4,5 millones de indigentes que apenas pueden adquirir una canasta de alimentos esenciales valuada en 70 pesos. Se estima que si el aumento de los precios llega al 10% el número de pobres se ampliará en 1,3 millones de personas y si el incremento trepa al 30% la nueva pauperización afectará a 3,7 millones de habitantes.

Semejante descenso al infierno de la miseria no puede ser atenuado por el gobierno devaluacionista que precipitó la nueva escalada de sufrimientos populares. Sus medidas de control de precios serán inefectivas frente al aumento de los bienes industriales y agropecuarios y ya ha aparecido el desabastecimiento de artículos e insumos indispensables. La especulación cambiaria resurgió a pleno y es financiada por el propio Banco Central con la venta subsidiada de divisas a las casas de cambio. Las disposiciones para limitar el desempleo encareciendo los despidos resultan insustanciales en el marco de la hiper-desocupación actual y del contexto de congelamiento salarial, que aprueban las bancadas mayoritarias del parlamento.

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